No oculto que soy cristiano, pretendo seguir al Maestro de Nazaret y su Proyecto que Él llamaba el Reino de Dios: una sociedad fraterna de iguales, con respeto a las diferencias, donde los más débiles sean los más importantes.

Desde esta perspectiva que comparto con los miembros de las comunidades de base, soy tan opuesto -como vosotros- a los restos del nacionalcatolicismo que aún padecemos. Por eso, propugno la reforma de la la vigente Constitución española en su art. 16 que establece un Estado aconfesional -pero no laico- y consagra una confesionalidad encubierta, a favor de de la Iglesia católica, so pretexto de esa mayoría sociológica de bautizados en ella.

Creo que coincidimos en la exigencia de un Estado laico con sus consecuencias plenas: libertad de conciencia universal para personas y grupos sociales, sin privilegios de ninguna clase. Y con posibilidad de que todas puedan manifestarse y ofertar -pero no imponer- sus creencias y contribuir al debate sobre una ética de mínimos que tiene como base los Derechos Humanos, los ya admitidos y los nuevos que reclama la evolución histórica.

Hemos de reconocer el declive de las religiones tradicionales, entre ellas la cristiana. Pero la sociedad actual mayoritariamente no ha pasado a ser laica, no ha dejado de ser religiosa. Sólo que es pagana, o sea politeísta (¿Había dejado de serlo?). Ahora tiene varios dioses con sus templos, ritos, sacerdotes y fanáticos. ¿No lo son la nación, la ciencia y tecnología, el cuerpo joven y sano, la búsqueda del placer superficial e instantáneo, el narcisismo egocéntrico, el consumismo compulsivo, el fútbol…? Y sobre todo, el dinero, el enriquecimiento rápido a costa de lo que sea. ¿Y no es el dinero, el supremo dios quien preside y da sentido a todos los demás?.

¿No podemos -y debemos- laicistas de buena voluntad y cristianos auténticos luchar juntos, desenmascarando a esos dioses, profanando esos ídolos, liberando a la sociedad de esas esclavitudes?. ¿Incluso a nosotros mismos que con frecuencia incurrimos en esas idolatrías?.

La tarea no es nada fácil. ¿No es todo un sistema -el neoliberalismo global, el que fomenta y alienta esos dioses con su pensamiento único, vehiculados a través de los medios de comunicación audiovisuales y digitales que controla?