En la época de Karl Marx, sí. Constituían el ejército industrial de reserva, la mano de obra disponible para el capital en el mercado del trabajo y así poder contratarlos, cuando se los necesitase, con el salario imprescindible para su reproducción.

Y ¿hoy bajo el neoliberalismo global?. El mercado laboral no está limitado por las fronteras del Estado-nación: abarca todo el planeta. Las empresas se deslocalizan rápidamente en busca de trabajos-esclavos en países pobres, sin leyes laborales ni medioambientales.

Pero lo que está ocurriendo es que por efectos de la mecanización y la sobreabundancia de la oferta, muchos pobres ya no son necesarios. Ni producen, ni consumen. Muchos de ellos y sus hijos sobran, son descartables. Se les deja morir, por desnutrición o enfermedades e incluso se les mata directamente en múltiples guerras donde son carne de cañón en el frente bélico o en la retaguardia. De nada sirve el Derecho Internacional Humanitario para contener esa sangría creciente.

La pobreza, existía en los países desarrollados antes de la crisis económica. Las medidas tomadas para salir de ella, concretamente en España, han aumentado las desigualdades sociales; ha crecido el número de pobres. Se ha cronificado su situación, especialmente en las familias monoparentales o con hijos a cargo. Como resalta el informe Foessa, la pobreza se hereda, hay una transmisión intergeneracional de la misma.

Son múltiples las causas: el lugar donde viven; la situación inicial de la familia -nivel de renta, acceso al mercado laboral, estudios de los progenitores, valores que transmite, relaciones sociales que tiene…-; escasez de recursos en el sistema de enseñanza; falta o escasez de prestaciones para la familia y la niñez; nula política de creación de viviendas sociales sin encerrarlas en guetos…

Esta desigualdad impera también a nivel planetario. El tercer mundo, empobrecido por la codicia de los países ricos, ve aumentada su tasa de pobreza y de hambre. Para huir de ella, millares de sus habitantes huyen hacia los países desarrollados.

¿Cómo los recibimos?. Cerrándoles las puertas, con vallas y muros. Cuando a nuestra costa sur vienen en frágiles pateras, un cargo gubernativo se atreve a decir que atacan la seguridad exterior del Estado español y los encierra en una cárcel sin agua potable…

¿Cómo enfrentarse a estos retos?. Acometiendo sus múltiples causas y no sólo alguna o algunas de ellas. Desde la administraciones públicas tomando las medidas normativas y ejecutivas precisas. La cuestión estriba en que los partidos que las controlan se mueven sólo a impulsos de sus previsiones electorales a corto plazo. Y los pobres o no votan o no tienen conciencia de su situación, de sus causas y de las posibilidades de influir con su voto. Por otro lado, sin un sistema fiscal justo, donde aporten más los que más tienen, sin fraudes ni evasiones a paraísos fiscales ¿pueden allegarse fondos para atender esas necesidades?. ¿Se atreverán a oponerse a la mayoría de sus votantes y no seguirán apostando por reducirles impuestos?.

Pero también desde la sociedad civil y de los grupos que la integran han de surgir iniciativas audaces que se encaren con las causas y consecuencias de la desigualdad social. Para empezar, dándoles las ayudas precisas para paliar la difícil situación en que se encuentran: alimentos, ropa, techo, ayudas económicas para sus carencias energéticas o de alquiler…El campo es enorme. Pero estas ayudas, necesarias para quienes sufren esas carencias no resuelven los problemas, sólo los palían.

También han de recabar de las administraciones públicas la prestación en condiciones de los servicios a que están obligadas y que suelen prometer. Hacen mucha propaganda de los mismos, pero a la hora de llegar a los pobres, suele ser a cuentagotas.

Pero además han de denunciar al sistema neoliberal que por un lado crea los pobres y por otro intenta prestarles ciertas ayudas. Ya lo decía Iriarte en uno de sus célebres epigramas: “El señor don Juan de Robres/con caridad sin igual/hizo este santo hospital/y también hizo los pobres”.

Cuando los seguidores de Jesús, siguiendo su mandato, intentan abajarse ante los pobres y situarlos en el lugar preferente que su Maestro les asignó, no pueden limitarse al ejercicio asistencial de la caridad. Han de acompañarlo de la lucha por la justicia. Una caridad completa ha de ser también política: en la batalla por el cambio de las estructuras.

En los dos niveles: en el de la superestructura política, combatiendo a los partidos sostenedores o cómplices de este sistema, no sólo negándoles su voto, sino participando en las lides democráticas, postulando la adopción de medidas drásticas como la renta mínima universal, ampliada en las familias con hijos. E involucrándose activamente, desde la esfera más local hasta las supraestatales. Con exigencia de responsabilidades, no sólo políticas, a los elegidos que incumplan sus promesas electorales.

Pero también en la base social, creando y apoyando iniciativas del tercer sector de la economía -que no es estatal ni capitalista- para ir formando islotes de una nueva economía con respeto a la dignidad de la persona humana, de las futuras generaciones y del cuidado de la Casa Común.

Esta magna tarea ¿puede hacerse sin un trabajo intenso de concienciación social y en estrecho contacto con todas las personas de buena voluntad?. ¿Y no debemos fijarnos en la solidaridad que nace desde la misma pobreza, aprendiendo de ella?. Por eso, para extirpar la pobreza, SÍ son necesarios los pobres pues nos marcan la ruta precisa.