Se atribuye a Schiller la autoría de este lema que para muchos se ha convertido en la máxima que guía su vida. Parece a primera vista un principio positivo. Pues entraña la preocupación por hacer lo que se considera beneficioso para el propio bienestar y la despreocupación por lo que hagan, dejen de hacer o piensen los demás.

Pero conviene analizarla con detención. ¿No revela un egoísmo indiferente a la suerte de los demás?. ¿No supone haber interiorizado las reglas individualistas del sistema neoliberal?. Pensemos en su contrapartida lógica: Sufre y deja sufrir a los demás.

La vida está hecha de penas y alegrías. De las primeras, unas nos son impuestas: desastres de la naturaleza y derivadas de nuestra fragilidad: achaques, enfermedades y la muerte. Pero otras son causadas, intencionadamente o negligentemente, por seres humanos.

¿Qué hacer ante ellas?. Ante las primeras, luchar contras sus efectos o aceptarlos, si son irremediables. Ante las segundas, podemos y debemos actuar, aislada y asociadamente. Lo primero es aliviar el sufrimiento de nuestros prójimos y además resistir a este sistema injusto e ir sentando las bases de un mundo alternativo.

¿No es hora de abondar ese lema egoísta de vive y deja vivir?. ¿No debemos abrazar otra máxima VIVE Y AYUDA A VIVIR que daría a nuestra existencia un sentido plenamente humano?.