Con este título y organizadas por algún sector eclesial, se están dando en diversas capitales una serie de conferencias denunciando que vamos a una sociedad de ancianos sin apenas relevo generacional.

Curiosamente coincide en el tiempo con otra, lanzada desde otros ámbitos, en la que se alerta sobre el declive previsible del sistema público de pensiones, provocado por dos factores: el alargamiento de la vida humana por la mala costumbre de los viejos de vivir demasiado y la reducción del número de jóvenes que trabajan. Esta última campaña pretende el alargamiento de la edad de jubilación, la reducción del importe de las pensiones y el fomento de planes capitalistas individuales de previsión, con deducciones fiscales.

Sobre la campaña del suicidio demográfico, lo primero que debe decirse que el diagnóstico es eurocéntrico. A nivel global, ¿puede decirse que vamos a un suicidio demográfico?. ¿No asistimos, por el contrario, a una explosión demográfica en los países del Sur empobrecido?. ¿Podría la tierra alimentarlos, si alcanzasen el nivel de vida de los países ricos?.

Para remediar ese proclamado suicidio demográfico, proponen que los gobiernos dejen de fomentar políticas contraceptivas y que estimulen fiscalmente la natalidad. Es curioso que dejen de lado las dificultades de los jóvenes para encontrar trabajo y vivienda accesible que les permitan emanciparse y constituir un hogar propio.

¿Por qué no se denuncian las trabas discriminatorias de las empresas para contratar mujeres en edad fértil, llegando en algunos casos hasta el colmo de aconsejar congelar sus óvulos para cuando hayan asegurado su futuro laboral?. ¿O es que se pretende que las jóvenes abandonen el trabajo fuera de casa y se entreguen a tiempo completo a parir y criar a los hijos, como antaño hicieron sus madres?. ¿Para cuándo la exigencia de trabajos decentes, la reducción de la jornada laboral que permita compartir el escaso trabajo existente, la conciliación del trabajo con la vida familiar y el reparto de tareas en el hogar, guarderías al alcance de todas las economías que permitan a ambos progenitores desarrollar sus tareas laborales?. Es de aplaudir la solicitud de que las bajas de maternidad y paternidad sean a cargo de la seguridad social y no de las empresas.

¿Pero pueden abordarse esas reformas necesarias sin un sistema fiscal justo?. ¿Por qué quiénes hablan apocalípticamante de suicidio demográfico no son capaces de luchar enérgicamente por acabar con el fraude fiscal y la existencia de paraísos fiscales?.

Tampoco se les ve pidiendo una reforma de las normas antiemigración que se aplican en los países desarrollados. ¿No paliarían esos nuevos acogidos su escasa natalidad?. ¿Por qué?. ¿O es que se prefieren naciones puras sin contaminaciones espúreas?. ¿A qué ideologías nefastas recuerdan esas prevenciones?.