Nos habían anunciado un invierno templado y sin precipitaciones. El pronóstico era desesperante con unas sequías prolongadas, la tierra agostada y los pantanos casi vacíos. Las rogativas de la religión mágica para pedir la ansiada lluvia al cielo no habían servido para nada. Mientras, había zonas con graves inundaciones que arrasaban poblados, cultivos y causaban miles de víctimas humanas.

Pero bruscamente la situación cambió. Los meteorólogos ratifican cada día que lo del cambio climático no es un cuento, aunque se empeñen en decirlo así Trump y los portavoces de las grandes empresas contaminantes.

Un frío procedente del Ártico alcanzó la Península Ibérica. Y las precipitaciones llegaron en forma de nieve, no sólo en las montañas, sino en amplias comarcas. Aunque en Logroño sólo hayamos visto caer copos, sin llegar a cuajar y veamos en las montañas próximas su huella blanca. Pero el frío nos ha alcanzado también.

Con la nieve y las heladas llegó el caos, producto en gran medida de la improvisación. Puertos de montaña y carreteras cortadas, exigencia de llevar cadenas o ruedas de invierno en los vehículos; prohibición de circular camiones en ciertas vías; atascos de coches que duran horas; accidentes en cadena… Reparto de responsabilidades entre concesionarios de autopistas, autoridades de tráfico y conductores. Pueblos incomunicados. Centros de enseñanza cerrados.

Pero hay que indagar más en esta sociedad dual en la que estamos viviendo. ¿A quiénes afectan especialmente estas emergencias?. ¿No es a poblaciones de montaña, donde mayoritariamente viven ancianos, de cuyas vías de comunicación y de la escasa atención de servicios elementales sólo nos acordamos en estas ocasiones?. ¿No sufren también especialmente estos días las familias con escasos recursos que casi no pueden calentar sus viviendas y a veces se ven obligados a dejar de comer por este motivo?. ¿Y qué pasa con los sin techo que, a pesar de los albergues abiertos, siguen muriendo en las calles?.

¿Hasta cuándo vamos a consentir la dureza de este sistema económico-político que fabrica superricos a la misma velocidad que empobrecidos?. ¿Seguiremos encerrados en nuestro individualismo suicida, entregados a la fiebre del consumismo compulsivo sin mirar a nuestro alrededor para descubrir la legión de famélicos y víctimas que nos rodean?. ¿Qué drogas nos suministran para narcotizar nuestra conciencia?