El título del libro de Josep Miralles, La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada, es un acierto pleno, ello permite significar de forma precisa la respuesta que tuvo el carlismo posterior a la Guerra Civil. Una actuación generalizada mayoritaria que ha sido silenciada por razones de cómo ha evolucionado la historia de España en los años de la llamada Transición Política -llena de pactos de todo tipo- o desconocida por voluntad expresa de no otorgar el protagonismo que tuvo el carlismo terminada la guerra.

Josep Miralles es un historiador que hinca la investigación en los entresijos más cosidos de la historia del carlismo y nos ofrece aspectos de este periodo que eran sólo conocidos por sus protagonistas y allegados.

El dilema se planteó ya en pleno conflicto bélico. La forzada unión del carlismo en un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, era crear un movimiento de corte fascista y de influencia nazi, hecho que no fue jamás aceptado por el sentir del carlismo más auténtico. Aquel que nunca se dobló a los cantos de sirena del franquismo y que sólo fue aceptado por los que se convirtieron en colaboracionistas del franquismo a cambio de dádivas y cargos políticos.

Mientras duró la guerra las tensiones existieron de forma permanente, pero el enfrentamiento al enemigo común, la II República, hacían que estas no fueran a más. Pero ya sufrieron represión e incluso tuvieron que hacer en algunas ocasiones actividades clandestinas.

Es en la postguerra civil cuando los carlistas, que habían luchado como el que más con el apoyo popular más importante recibido por los militares golpistas, se dieron cuenta que habían sido instrumento de una victoria sin concesiones al enemigo vencido y que permitía el paso a una Dictadura militar en la persona del general Franco.

En los años paralelos a la II Guerra Mundial los carlistas vieron como su candidato, D. Javier era víctima del nazismo, que sobrevivió a pesar de todo lo sufrido bajo su atroz dominio, pero también, según nos presenta documentadamente Josep Miralles, hubo sectores del carlismo que vieron que, más allá de las diferencias que tuviera con el gran dirigente carlista Fal Conde, siempre perseguido por el franquismo, la falta de un paso decisivo y firme del candidato D. Javier era evidente.

Ello marcaría aún más la decisión de Franco de mantenerse en el poder, se acercaría al candidato Borbón, D. Juan, el cual ofrecería a su hijo Juan Carlos a quedarse bajo Franco a cambio de regalías jamás esclarecidas pero evidentes de acuerdos que beneficiaban una vida regalada y frívola en Portugal, aunque no su futuro como posible rey de España por la rama liberal.

Los enfrentamientos del sentir carlista alejados de forma paulatina y constante contra el franquismo, el falangismo o los carlistas octavistas, -así llamados los colaboracionistas con la Dictadura-, a lo largo y ancho de toda España es analizado de forma rigurosa y analítica. En publicaciones, actos conmemorativos, celebraciones históricas, reivindicaciones o fiestas propias.

Los carlistas mantuvieron su perfil en el periodo estudiado, hacia mitad de los años 50 del pasado siglo, de una forma nítida, honesta y fiel a sus principios forales, a su fe religiosa y en la creencia de la libre unión de los pueblos de España. Llamará la atención la relación de continuados conflictos y tensiones que se vivieron sobre todo en Navarra, Euskadi, Catalunya y el País Valenciano. La autoridad franquista, vía gobernadores civiles, o con la represión de forma vigilante y constante, intentó desautorizar, humillar, debilitar y, cuando no lo conseguía, multar o detener el carlismo rebelde.

Había un amplio sector social formado por veteranos carlistas y cantera de jóvenes de ellos que, con publicaciones, ideas, ocupando espacios públicos, en celebraciones y, a veces, a golpes, no permitieron que el Régimen monopolizara el sistema político imperante. 

Lo que más es de resaltar de este espléndido estudio es el penetrar en la complejidad de un tema que ha sido soslayado demasiado por la historia cuando estaba profundamente incardinado en todos los sectores sociales.

El carlismo ha sido un movimiento político fundamental en la historia de la España contemporánea. Hay que rechazar de plano la visión ruda y cerril como lo presentan sectores que, curiosamente, coinciden: desde la extrema derecha o de la izquierda estatalista y sectaria.  Una coincidencia que no es casualidad. Es la voluntad de borrar un movimiento popular que no comulgó con ruedas de molino con el franquismo y que a pesar de haber sido parte fundamental de su victoria militar tuvo la entereza moral de apartarse de una Dictadura sanguinaria y cruel.

Un libro útil y necesario, al que debieran seguir más estudios de investigaciones parecidas, un riguroso estudio más que recomendable.

 

Josep Maria Solé i Sabaté

Catedrático de la UAB