La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria)

02/05/2018

Luis Doreste Miranda

Luis Doreste Manchado, fallecido en diciembre de 2017 y de ideas carlistas, se alistó como requeté en la Guerra Civil

Luis Doreste Manchado nació en Las Palmas de Gran Canaria el 13 de abril de 1917. Descendiente de la familia italiana D’Oreste, que llegó a Canarias en el siglo XVI, sobrino del que fuera alcalde de la capital, Juan Rodríguez Doreste, manifestó desde su juventud su inclinación por los ideales carlistas, hasta el punto de alistarse como voluntario, cuando solo contaba 19 años, como requeté en la Guerra Civil española, en el bando Nacional. Esta es la primera parte de la semblanza escrita por uno de sus 11 hijos, tras el fallecimiento de su padre, el 29 de diciembre de 2017.

Hijo mayor de don Luis Doreste Morales y de doña María Manchado Medina, Luis Doreste Manchado había nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 13 de abril de 1917, viviendo con sus padres y sus primeros hermanos en la planta baja de la enorme casa que sus abuelos tenían en la calle Mayor de Triana, nº 40 de gobierno, con fondo que daba a la entonces calle de la Marina, hoy denominada Francisco Gourie.

Por línea paterna era descendiente de los D’Oreste italianos que habían arribado a la isla de Gran Canaria, como tantos otros extranjeros, en el primer tercio del siglo XVI, atraídos por el apogeo comercial del archipiélago tras la conquista de Canarias por la Corona de Castilla.

Fueron sus abuelos paternos Domingo Doreste Falcón y Mª Dolores Morales Rodríguez, Mamalola, que tuvieron una prolija descendencia: María del Rosario, casada con Arturo Rodríguez Losada; Luis, casado con María Manchado Medina; Manuel, casado con Clara Aurora de Armas Megías; Mª Dolores, casada con José Gonçálvez Acevedo; Mª Teresa, casada con Manuel Yánez Matos; Mª del Pilar, casada con Rafael Sánchez-Tembleque Pardiñas; Ana Mª, fallecida al año; Mercedes, casada con Juan Rodríguez Doreste; Domingo, casado con Pino Ojeda Quevedo; Reyes, casada con Jaime Mola Millet; Mª del Pino, casada con Ildefonso Bello Perdomo; Ana Mª, casada con Felipe Quintana Fernández y Mª del Carmen, casada con Vicente Pérez Quevedo.

Y sus abuelos maternos: Antonio Manchado Viglietti y Luisa Medina de la Torre, con la siguiente descendencia: Antonio Luis, casado con Nicolasa Cabrera Lorenzo; Luis, casado con Carmen Martinón Navarro; Isabel; Rafaela; Rafaela Luisa; Segundo, casa-do con Ana Suárez Viejo y María, su madre.

Sus padres, ya mencionados, también tuvieron amplia descendencia: el protagonista, Luis, casado con Pilar Miranda González y, en segundas nupcias, con Isabel León Russo; Antonio, fallecido en la guerra civil; Enrique, fallecido al mes de nacer; Domingo, casado con Pura Perera Marrero, fallecida; Jesús, fallecido, casado con Narcisa Aguilar Padilla, fallecida; María Dolores, fallecida, casada con Segundo Barber Ortega, fallecido; José, casado con Pepita Blanco Torrent; María Luisa, soltera; Teresa, soltera, y Manuel, sacerdote jesuita.

Fueron sus cuñados: María Miranda, casada con Adolfo Lodos Sáenz de Urturi y Rosario Miran-da, soltera y los hermanos/as Le-ón Russo.

Guerra civil y posguerra

Tras el bachillerato, estudiaba en la Escuela de Comercio de Las Palmas cuando tuvo lugar el inicio de la fratricida contienda civil, julio de 1936, que ya venía fraguándose. Don Javier de Borbón Parma y Braganza, nombrado Príncipe Regente por su anciano tío don Alfonso Carlos, había firmado el 14 de julio de 1936, en San Juan de Luz, junto con su consejero-delegado Manuel Fal Conde, la orden de movilización de 62 Tercios de Requetés para su participación con el ejército en lo que luego se convertiría en una guerra civil.

Y en noviembre de 1936, con 19 años, se alistó como voluntario, boina roja, y embarcó rumbo a Vigo, junto con otros 87 requetés, formando una Sección integrada en el Batallón de Voluntarios de Las Palmas. Estuvo en las operaciones de Brunete, Móstoles, Pinto, frente del Jarama, en el cerro de Cabeza Fuerte y en el de Marañosa, donde tuvo la única herida, leve, en el pie, marchando luego a Seseña (Toledo).

Ascendido a alférez provisional tras cursar estudios en la Academia Militar de Granada en agosto de 1937, su primer destino como tal fue en la 12ª división del Ejército Nacional del Centro, en la 4ª compañía de un batallón gallego que guarnecía los Olivares de Nevares, en el frente del Jarama. En marzo del 38, por ser el oficial más antiguo, le asignaron el mando de la compañía y recibieron orden de marchar a Talavera de la Reina, llegando el 27 de marzo. Allí resultó muerto su hermano Antonio.

A principios de junio toda la División se trasladó a Teruel, permaneciendo más de un mes en las posiciones de la Muela de Carrión, hasta que comenzó la ofensiva hasta la Peña del Toro, donde se posicionaron hasta noviembre del 38. Después, ya como teniente provisional al mando de la Cuarta Compañía del Batallón gallego, fueron enviados a Onda (Castellón) y después al frente de Cataluña con el Cuerpo de Ejército de Navarra. El 23 de diciembre alcanzaron Barcelona y ocuparon Bañolas (Gerona), participando finalmente en la ruptura del frente de Andalucía por Peñarroya y la ocupación de Puertollano (Ciudad Real), donde acabó para él la guerra.

Meses después, tras sendas estancias en Barcelona y Madrid, gestionó y obtuvo la autorización del gobernador civil de Toledo para la exhumación y traslado a su tierra de los restos de su hermano Antonio, enterrado en el cementerio de Talavera de la Reina, que resultó una odisea por tener que viajar hasta Cádiz con el cadáver en una caja atada con sogas en la parte superior del vehículo cedido al efecto, y al llegar a Cádiz se tuvo que demorar el embarque por haber estallado la Segunda Guerra Mundial. Eran los primeros días de septiembre de 1939 y la Armada inglesa ya tenía la zona marítima bajo su control, permitiendo al final la salida del barco tras su completo registro y haberse pintado a babor y estribor la bandera de España, para su identificación como país neutral y poder realizar sin peligro la travesía, lo que así ocurrió. Días después tuvo lugar el entierro en el cementerio de Las Palmas.

Ya de regreso definitivo, estuvo destinado en Las Palmas de Gran Canaria como oficial teniente de complemento en el Cuartel de San Francisco, en la calle General Bravo. Su postura a favor de los aliados en la II Guerra Mundial era mal vista por los germanófilos políticos y militares de la época y tuvo, por ello, algún que otro altercado, como el que recordaba, por el año 1940, con el teniente coronel jefe del regimiento, al enterarse este que le había llevado comida a su tío Juan Rodríguez Doreste, que se encontraba preso, por socialista, junto con otros mil penados, aproximadamente (entre ellos, Ángel Tristán Santana), en el Lazareto de Gando, siendo reprendido por su trato con un “rojo”, respondiéndole que no se arrepentía por tratarse de un acto humanitario a un familiar, siendo advertido de no reincidir?

También, en otra ocasión, haciendo maniobras militares, se atrevió a poner en duda la eficacia de hacer trincheras en las playas del sur grancanario por si atacaban los aliados, comentándole a su superior que de nada servirían si realmente se produjera un ataque de la potente armada de la Gran Bretaña, respondiéndole este, agriamente, que se remitiera a cumplir las órdenes?

Ya su padre había tenido desavenencias con los militares al poco tiempo de declararse el estado de guerra y también mantuvo una polémica en octubre de 1936 con el general gobernador militar de Canarias, protestándole por la censura telegráfica postal y el trato desconsiderado de los militares hacia los carlistas y su bandera, entre otros aspectos. Y a los pocos días participó en otro incidente al organizar su padre un acto de homenaje a la Virgen del Pino en Teror (Gran Canaria) ante la que un nutrido grupo de requetés pretendían rendir honores con sus fusiles reglamentarios, antes de partir al frente.

Advertido de ello el Gobernador militar, ordenó que fueran interceptados y obligados a regresar a Las Palmas, impidiéndoles llegar hasta la basílica. Al día siguiente, 26 de octubre, su padre fue detenido e ingresado en la antigua cárcel provincial de Barranco Seco, en concepto de “detenido incomunicado” y acusado de desobediencia a la autoridad. A los pocos días, acudió con su hermano Antonio a despedirse de él, pues ya embarcaban para irse al frente, permitiéndose a su padre salir a la puerta para decirles adiós, en emotivo encuentro.

En otra ocasión, tras la guerra, volvieron a detener a su padre, esta vez con motivo de su pública adhesión a un Manifiesto de Don Javier criticando al régimen, por lo que acudió al Gobierno Civil a interesarse por su detención, acompañado del teniente coronel jefe de su regimiento, entrevistándose con el gobernador civil, quien groseramente recriminó al teniente coronel, ante su asombro, que cómo era que se preocupaba “por el padre de este hijo de puta”, teniendo que reprimirse ante la ofensa, aunque el teniente coronel sí le respondió que su padre era un caballero honorable.

En septiembre de 1945 causó baja voluntaria en el ejército, siéndole notificado posteriormente su ascenso a capitán de complemento de Infantería. Por su postura contraria a la unificación decretada por Franco de las organizaciones carlista y falangista y por la dictadura que se estaba estableciendo a semejanza de la Alemania nazi y la Italia fascista de Mussolini, con represión y ausencia de libertades, se sentiría vencido en el campo de los vencedores.

Tras su baja voluntaria en el ejército trabajó como técnico en Telégrafos y, en un breve periodo, en el Instituto Nacional de Previsión y, más adelante, como agente de seguros y, finalmente, desarrolló su actividad como agente comercial colegiado, con representaciones de importantes casas comerciales. Asiduo visitante de los buques de la Cunard Line británica en sus escalas en el Puerto de la Luz, practicaba su inglés en conversaciones con los pasajeros y tripulantes y fue también habitual lector de la prensa inglesa y norteamericana, aparte de la nacional, así como frecuente seguidor de la BBC, en especial por las noticias sobre la II Guerra mundial, interés por estar informado que mantuvo hasta el final de sus días, ya con cierta dificultad de visión y audición.

Fue don Luis Doreste Manchado un hombre honrado, trabajador, ameno conversador y excelente padre de once hijos, a los que sufragó los estudios que quisieron emprender y que le han sobrevivido para mejor recordarle, amplio fruto de su matrimonio con Pilar Miranda, madre ejemplar, fallecida el 5 de diciembre de 1978. Años después contrajo nuevo matrimonio con Isabel León Russo, que tiempo atrás también había enviudado, teniendo dos hijas de su anterior matrimonio y que falleció el 25 de octubre de 2003.