Caricatura de Luis Doreste Manchado como requeté.

La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria)

03/05/2018

José Luis Doreste Miranda

Luis Doreste Manchado acudió a los actos carlistas celebrados en el monte navarro en recuerdo a los requetés muertos en la Guerra Civil

El grancanario Luis Doreste Manchado, fallecido en 2017, profesó ideales carlistas. Luchó como requeté a los 19 años en la Guerra Civil española. En esta segunda y última parte de la semblanza realizada por su hijo José Luis Doreste Miranda se explica cómo acudió a la boda de don Carlos Hugo y doña Irene en Roma, o su asistencia a los viacrucis que cada año se celebraban en el monte navarro de Montejurra en recuerdo de los requetés muertos en la guerra.

Con antecedentes carlistas por su abuelo y su padre, Luis Doreste Manchado, ya en la década de los 60 había comenzado a participar en la organización carlista, habiendo constituido un hito importante en su compromiso la boda de los príncipes don Carlos Hugo y doña Irene, en Roma, en abril de 1964, a la que asistió en representación de su padre, enfermo, que también delegó en él la recogida de la Cruz de Caballero de la Legitimidad, concedida por Don Javier, en acto celebrado en el Castillo de Puchheim (cerca de Salzburgo, Austria) en enero de 1965. En esa época ya comenzó su asistencia y participación en los actos de Montejurra (Estella, Navarra), hasta 1978, acudiendo también alguna vez a los actos de Montserrat (Barcelona), El Quintillo (Sevilla), Villareal (Castellón) y Haro (La Rioja).

Como adjunto a la jefatura regional asistía a las reuniones de la entonces Junta Suprema de la Comunión Tradicionalista, presidida por el jefe delegado José María Valiente, que se celebraban en Madrid y al fallecimiento de su padre en junio de 1965, fue nombrado por don Javier, el 10 de marzo de 1967, jefe regional de Canarias.

Por la controversia suscitada es de reseñar que en febrero de 1967 se publicó en el diario La Provinciade Las Palmas de Gran Canaria, una nota informativa que había remitido sobre unas declaraciones del entonces príncipe Juan Carlos, de visita en la ciudad, en las que este decía que podía entenderse perfectamente con los carlistas. Decía en la nota que no podía haber “entendimientos” con la línea ideológica de la dinastía representada por Don Juan de Borbón, padre de Juan Carlos, manifestando su oposición a su pretensión de ser instaurados en el trono de España y que solo Don Javier de Borbón-Parma, encarnaba la doble legitimidad, la de origen y la de ejercicio, generándose una serie de réplicas y contrarréplicas sobre el papel de carlistas y alfonsinos en la guerra civil y que tuvo reflejo nacional en un editorial del diario ABC del 8 de marzo de 1967, bajo el título “La Monarquía en el Alzamiento Nacional”.

También se produjo una polémica con motivo de sus declaraciones a La Provincia tras su nombramiento como jefe carlista de Canarias, con titular destacado en la portada del 14 de abril de 1967: “La Falange ha ocupado una situación de privilegio dentro del Movimiento Nacional”, con otro pequeño recuadro interior: “Don Javier aguarda la decisión del pueblo soberano, mientras don Juan espera ser nombrado rey directamente por Madrid”, con fotos de los príncipes Carlos Hugo e Irene y comentario “confianza en el pueblo soberano”, junto con la foto de los príncipes Juan Carlos y Sofía y el comentario “confianza en Madrid”. Entre otras cuestiones, decía: “Las diferencias humanas y políticas entre ambos pretendientes son, por tanto, bien notorias. [?] En definitiva, mientras Don Juan está a la espera de que Madrid lo nombre directamente Rey, Don Javier aguarda prudentemente a que el pueblo soberano decida por su propia y legítima participación”.

Preguntado sobre el papel de los carlistas tras la unificación decretada por Franco en 1937, fue contundente: “La Falange ha ocupado, a partir de la Unificación, una situación de evidente y excesivo privilegio. Como bien señaló don Juan Palomino [?] el Decreto de Unificación tenía un fin limitado, ya que era para el momento de la guerra. Y añadió que concluida esta los tradicionalistas no queríamos que la Unificación derivase hacia un partido fascista. Esto sentó mal en algunos círculos falangistas, pero había que decirlo.”

Como consecuencia de dichas declaraciones, el mismo diario La Provincia publicó el 16 de abril de 1967 una nota editorial titulada: “El papel de la Falange en el Movimiento Nacional”, en la que decía: “En la edición del pasado viernes La Provincia publicó unas declaraciones de don Luis Doreste Manchado, con motivo de su reciente nombramiento como Jefe Regional de la Comunión Tradicionalista de Canarias. A lo largo de la entrevista el señor Doreste expuso el particular criterio de los carlistas sobre una serie de temas polémicos de la actualidad política española.” (?). “?por la índole de las declaraciones del jefe carlista era preciso que fueran delimitadas y confrontadas con las opiniones sostenidas por otros grupos actuantes en la política española. A tal objeto, y teniendo en cuenta las directísimas alusiones del señor Doreste al papel de la Falange dentro del Movimiento, nos dirigimos al Jefe Provincial del Movimiento para que tuviera la oportunidad de exponer en estas columnas su responsable criterio acerca de las opiniones vertidas por el Jefe tradicionalista. El señor Fernández Galar? nos ha respondido que no estima oportuna su intervención en este asunto, por considerar que, dado el carácter nacional de los temas abordados por el señor Doreste, excede de sus funciones como Jefe del Movimiento en la provincia?”. La polémica tuvo su repercusión en los círculos canarios de opinión más politizados.

Es de destacar también su intervención, pese a la prohibición gubernativa, en los actos de protesta, en el Montejurra de mayo de 1969, contra la expulsión de España, en diciembre de 1968, de la familia real carlista, el más multitudinario y antifranquista de los celebrados hasta esa fecha.

Asimismo, significar que en diciembre de 1972 participó en el Manifiesto de las Fuerzas Democráticas de Canarias, en el que se hizo un llamamiento al pueblo canario señalando el aislamiento del Régimen y la necesidad de libertad de asociación, reunión y expresión; reconocimiento de los partidos políticos y sindicatos; abolición de tribunales especiales; convocatoria de una Asamblea Constituyente que determinase el sistema político de España, con el reconocimiento de sus nacionalidades y regiones, reivindicando, asimismo, el reconocimiento constitucional de Canarias como región, con la creación de órganos autónomos para terminar con el centralismo que sufría Canarias.

Antiguos combatientes

Como delegado provincial de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes Requetés, presidida por el marqués de Marchelina, enfrentada a la Hermandad de Excombatientes del régimen que presidía el ministro José Antonio Girón, dirigió a este, el 26 de noviembre de 1974, un telegrama manifestando la contundente negativa de los carlistas al intento del régimen de aglutinar a los Requetés dentro de una Confederación de Excombatientes -una nueva “unificación”-, a la vez que le indicaba que, en vez de tales intentos, debería hablarse de “auténtica paz con amnistía general superando trauma guerra civil. Pueblo carlista anhela una evolución democrática del país basada en la justicia, en la dignidad y en la libertad.”

Participó en el complejo proceso de modernización del formidable movimiento popular carlista, desde una anquilosada organización a un partido democrático, federal y socialista, con un proyecto de autogestión global, evolución ideológica y política impulsada bajo el liderazgo de Carlos Hugo y la renovada dirección.

Asimismo es de destacar su concurrencia a la rueda de prensa celebrada por la dirección carlista en el Hotel Los Tres Reyes (Pamplona, Navarra), con ocasión de los graves y sangrientos sucesos de Montejurra de 1976, en un ambiente de gran tensión policial, denunciándose el amparo que el gobierno había dado a los organizadores de la “operación Reconquista”, permitiendo la actuación de comandos armados de extrema derecha nacional e internacional, con resultado de dos muertos y numerosos heridos en la explanada del monasterio de Irache y en las cercanías de la cumbre del monte, con el propósito de enfrentar a los carlistas y arruinar su imagen ante la opinión pública?

Ya en esos años participaba activamente, en reuniones y proclamas, en el seno de la oposición agrupada en torno a la Junta Democrática y, posteriormente, en Coordinación Democrática y en la Plataforma de Convergencia Democrática, la “Platajunta”, destacando la multitudinaria manifestación en Las Palmas de Gran Canaria, en julio de 1976, con la que concluía la “semana pro-amnistía” -desarrollada con carácter nacional-, que encabezó con otros dirigentes políticos, sindicales y sociales, con gran pancarta bajo el lema “Amnistía y Libertad”.

Hecho significativo fue también su asistencia al recibimiento, en el aeropuerto de Madrid-Barajas, junto con otros dirigentes y militantes de toda España, del líder carlista Carlos Hugo de Borbón, último exiliado por el franquismo, que se produjo, procedente de París, el 28 de octubre 1977.

Y aprovechando la participación de don Carlos en un importante coloquio con intelectuales del mundo entero, en el programa de diálogo entre civilizaciones, en Dakar (Senegal), invitado por el presidente Leopold S. Senghor, concluido aquél había organizado la visita de Don Carlos y su esposa a Las Palmas de Gran Canaria, recibiéndolos en Gando el 24 de octubre de 1978 y acompañándolos, al día siguiente, en las reuniones programadas con representantes de los principales partidos en el hotel Iberia, con posterior visita protocolaria al presidente del Cabildo insular, don Alejandro Castro y al alcalde, don Gabriel Megías Pombo. Y por la tarde se celebró una rueda de prensa, con numerosa asistencia de periodistas y fotógrafos, con amplio reflejo en la prensa del día siguiente.

Meses después se celebraron las elecciones generales, marzo de 1979, en las que ya pudo participar el Partido Carlista tras su tardía legalización -en actuación arbitraria, injusta y antidemocrática del gobierno-, con perjuicio irreparable, recibiendo sus candidaturas un severo varapalo. Ante la debacle electoral, la posterior renuncia de Carlos Hugo al frente del partido y el nuevo escenario político dominado por el bipartidismo, su actividad política fue decayendo hasta ser meramente testimonial.

Ya en mayo de 2009, con 92 años, con motivo de serle impuesta la Cruz de Caballero de la Legitimidad Proscrita, en el Real Monasterio de Santa María de Poblet (Tarragona), dentro de los actos conmemorativos de los históricos 175 años del carlismo, tuvo la feliz oportunidad de mostrar su lealtad y compartir recuerdos, por última vez, con Don Carlos, quien fallecería al año siguiente, asistiendo a su solemne funeral, el 6 de noviembre de 2010, en la iglesia de los Jesuitas de la calle Serrano de Madrid y al acto académico organizado en su homenaje, por la tarde, en el Ateneo de Madrid.

Más allá de todo ello, Luis Doreste Manchado fue padre de familia, trabajador incansable y ameno conversador. También fue un fiel abonado y asistente constante a los conciertos de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria en el teatro Pérez Galdós y en el auditorio Alfredo Kraus y socio numerario del Real Club Náutico de Gran Canaria, adonde le gustaba acudir y almorzar los fines de semana, o con motivo de diversas efemérides, aprovechando para saludar y departir con sus muchas amistades y orgulloso de sus laureados nietos y sobrinos regatistas olímpicos.

Diariamente hacía su recorri-do por Triana, desde su casa en la calle Miguel de Cervantes hasta su casa paterna en Pérez Galdós, donde conservaba su despacho, realizaba sus llamadas de teléfono y leía la prensa y donde cari-ñosamente le atendían sus hermanas Magüi y Tere. En sus paseos cotidianos disfrutaba en sus encuentros y saludos con amigos y conocidos, que se asombraban de que los reconociera y reme-morara datos familiares. Y hasta el final de sus días se mantuvo activo para fijar hora y lugar para celebrar los cumpleaños, onomásticas y demás festejos, con sus hijos, hermanos y sus numerosos nietos y bisnietos, amén de sus numerosos primos hermanos y sobrinos, con los que también se veía puntualmente o con motivo de la misa que oficiaba su hermano jesuita Manolo cuando venía a Las Palmas.

De hondas convicciones religiosas heredadas de sus padres, siempre fue fiel practicante católico, ajeno a la beatería y el fariseísmo. Pese a su fortaleza física y mental, su salud comenzó a flaquear por su avanzada edad, aunque logró su declarado objetivo de llegar a los cien años, con muy buena lucidez y prodigiosa memoria de personas, lugares y acontecimientos.

Falleció al atardecer del 29 de diciembre de 2017, celebrándose el funeral en su memoria en la iglesia de San Francisco, en la alameda de Colón, el 2 de enero de 2018, con una emotiva cantata a cappella del Ave María de Schubert a cargo de su nieto Luis Martínez Doreste y la lectura de una cariñosa semblanza sobre su vida leída por su nieto mayor Juan Luis Sánchez Doreste, según texto de Manuel, uno de sus hijos.