Queridos carlistas:

Procedentes de todas las Españas, habéis acudido a Montejurra, manteniendo así una tradición de compromiso tanto con las generaciones precedentes como con las venideras. Pues al caudal colectivo de los pueblos españoles no solamente aportamos nuestra memoria histórica sino también nuestras soluciones políticas, más necesarias que nunca.

En este lugar sagrado rendimos un especial homenaje a dos carlistas emblemáticos que nos abandonaron durante los últimos doce meses. El gallego Manuel Rego Nieto y el canario Luis Doreste Manchado. En época de mi abuelo, el Rey Javier, ambos fueron Jefes Regionales de la entonces denominada Comunión Tradicionalista. Desde esa responsabilidad fueron capaces de afrontar los retos políticos, culturales y económicos de una sociedad en transformación.

Como católicos, asumiendo el magisterio de un Concilio Vaticano II que proclamaba la necesidad de un dialogo entre todos los hombres de buena voluntad para construir un mundo mejor.

Como legitimistas, acompañando a mi Familia en la construcción de una alternativa a los planes sucesorios de un régimen dictatorial al servicio de las antiguas oligarquías liberales.

Por eso impulsaron la organización y dinamización del Pueblo Carlista en su búsqueda de una nueva síntesis entre Tradición y Modernidad. Por eso lucharon por una Democracia societaria y federativa, todavía no alcanzada a pesar de los precarios avances logrados. Por eso, como Secretarios Generales de nuestro Partido Carlista, estuvieron en Montejurra 76 dando testimonio de su compromiso frente al fascismo asesino.

En estos tiempos en los que, una vez más, los poderes fácticos nos pretenden enterrar en la farsa del Decreto de Unificación de 1937, es imprescindible recuperar la historia de Manuel y de Luis. Y junto con la suya, la de tantos y tantos carlistas anónimos que durante cuarenta largos años lucharon contra la tiranía del franquismo. O escribimos nosotros su Historia o no lo hará nadie. No podemos permitir que la batalla de la memoria la ganen quienes pretendieron silenciarnos en las elecciones constituyentes de 1977.

Es nuestra obligación para con nuestros padres pero sobre todo para con nuestros hijos.