Diario Vasco

19/05/2018

Ordizia vuelve a llamarse Villafranca y es un bastión liberal. Las tropas carlistas han avanzado hasta asentarse en la zona de Garagarza, la actual residencia San José. Lejos de agazaparse, los liberales ordiziarras les hacen frente armados de valentía, 600 fusiles y el cañón Maribaratza. Estamos en 1835 y se está escribiendo uno de los capítulos más importantes de la historia de la villa goierritarra.

Los historiadores, como Nerea Iraola y David Cano, de Gure Iragana Taldea, coinciden en que si hay un episodio que marcó un antes y un después en el devenir de Ordizia, además del incendio de la villa en 1512, ese fue el asedio de 1835, un sitio que convirtió al municipio en escenario bélico de la primera guerra carlista.

Desde ayer y hasta mañana, las calles de Ordizia vuelven a ser testigo de la contienda, aunque en este caso, afortunadamente, los heridos y fallecidos no lo serán de verdad. Así y todo, desde la organización advierten que durante el espectáculo se hace uso de armas de fuego reales, aun cuando sólo sea para disparar salvas de pólvora. Por ello, se ruega al público que respete las distancias. Porque lo que Ordizia vive este fin de semana es una recreación del sitio lo más realista posible, con más de un centenar de soldados, en lo que supone el acto más importante del ingente número de actos que se están llevando a cabo para conmemorar el 750 aniversario de la villa.

«Uno de los objetivos de las celebraciones es ayudarnos a examinar nuestro pasado. Hacemos esta reflexión celebrando el presente y la tendremos en cuenta al proponer nuestro futuro», reflexiona José Miguel Santamaría, alcalde de Ordizia.

La lista de participantes da cuenta de la envergadura de la recreación histórica, en la que hay muchos participantes guipuzcoanos, como la Banda de Pífanos y Tambores de la Cofradia Anaka de Irun, la banda musical Beti Argi de Ordizia, Andia Kultur Elkartea de Tolosa, Manuel Larramendi Kultur Bazkuna de Andoain o las asociaciones de Donostia 31 de Agosto, Blas de Lezo, Kainoietan y Urgull Histórico. La Asociación de Recreación Historia ‘Batalla de Vitoria 1813’ también ha enviado a sus tropas.

También hay soldados muy veteranos llegados de otras comunidades, como los miembros de la Asociación de Recreación Histórico Cultural de Asturias, los de la Asociación Voluntarios de Madrid (1808-1814), el grupo Chaseeurs, también de la capital madrileña, o la Asociación de Amigos del Museo Militar de Burgos, así como voluntarios de Aragón. Del otro lado de los Pirineos, el tercer bataillon de chasserus des montagnes. Todos ellos convierten la villa goierritarra en un museo viviente.

El sonido de los pífanos

Ayer por la tarde comenzaron a levantar el primero de los campamentos de soldados en el parque Barrena, donde han pernoctado. Un desfile de tambores y pífanos por el caso antiguo ordiziarra acabó por ambientar la jornada de ayer, antesala de los días más importantes.

Hoy, a partir de las 10.00 horas, se podrá presenciar la llegada de más tropas, con formación e instrucción previa de las unidades. Acamparán en el parque Barrena.

Uno de los participantes es el médico forense Paco Etxeberria, profesor titular de Medicina legal y forense de la UPV. El beasaindarra explicará a lo largo de la mañana cómo se trataba a los heridos en combate en la época, cómo se realizaban las operaciones o las amputaciones.

A las 13.00 las tropas desfilarán por el casco histórico, acompañadas por la banda de música Beti Argi.

Los oficiales tendrán una reunión a las cinco de la tarde en el campamento, dado el clima de hostilidades que se vive en la villa y que no tardarán en agravarse. Porque a las seis de la tarde comenzará el asedio, con los cañones dispuestos en batería, bombardeos, asalto y la retirada.

Los soldados volverán a dormir esta noche en el campamento, porque mañana será otra dura jornada.

Quienes quieran ahondar en este capítulo de la historia ordiziarra, a las 11.00 en D’elikatuz se ofrecerá la charla ‘El asedio de 1835’ y una visita guiada. A esa misma hora, habrá una diana con la banda irunesa de pífanos Anaka y una hora más tarde se recreará un segundo asalto, con bombardo y rendición de los liberales. La recreación finalizará con un acto de confraternización de los dos bandos y un desfile hacia plaza Nagusia.

El sitio se produjo en el contexto de la primera Guerra Carlista, que se desarrolló de 1833 a 1840 entre los partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII y pretendiente al trono, conocidos como carlistas, y los de Isabel II, hija del monarca y en virtud de la Ley Sálica, heredera de la corona, denominados liberales, el año 1833, a la muerte del del rey Fernando VII. Los partidarios de Don Carlos se levantan en armas en tierras navarras (las Améscoas).

Zumalakarregui

En cualquier, caso no fue hasta abril de 1835 cuando el general isabelino Gerónimo Valdés, ministro de la guerra, decidió enfrentarse al mando de un poderoso ejército (18.000 hombres) con Zumalakarregi en las Améscoas, donde salió derrotado.

A partir de ahí, el general carlista afronta el avance hacia el norte, ante el que las tropas y guarniciones liberales no solo no ofrecieron la menor resistencia, sino que huyen abandonando armas y pertrechos.

Y en esa fase de conquista, el 25 de mayo de 1835, Tomás de Zumalakarregi, al frente de un ejército que los historiadores estiman superior a los 3.000 hombres, y un cuerpo de artillería con al menos una decena de piezas, se planta a las puertas de Ordizia, convertida en bastión liberal. El asedio, con un constante castigo de fuego de artillería, duró siete días.

El 1 de junio Zumalakarregi ordena el asalto, que es repelido.

El general carlista conoce la noticia de que Espartero, al mando de 7.000 soldados, avanza desde Bergara para socorrer a la cercada Villafranca. Ejército al que con una fuerza infinitamente menor hace huir en Descarga su segundo de abordo, el general Eraso.

Ordizia, que constata la noticia, el 3 de junio capitula. Un asedio, asalto y capitulación narrado y publicado por un testigo de excepción, el oficial de caballería enrolado en las tropas carlistas CF Henningsen.