Diario Vasco

19/05/2018

Éxito de público en la recreación del sitio de 1835 por las tropas carlistas

En las calles de Ordizia olía ayer a pólvora. La localidad del Goierri despidió la jornada asediada por las tropas carlistas, que castigaron su osadía con intenso fuego artillero y un intento de asalto que fue repelido por los ordiziarras de aquel 1835, resguardados intramuros, en defensa de su bastión liberal.

Numeroso público siguió, curiosamente bajo un sol que apretaba, la recreación del sitio que sufrió el municipio y en el que participaron una decena larga de asociaciones y entidades: Blas de Lezo, 31 de Agosto, Kanoietan, Anaka de Irun, etc, ofrecieron a media tarde de ayer en el parque Barrena de Ordizia una reeditación de aquel asedio, asalto y capitulación que en la primera guerra carlista sufrió la entonces Villafranca en 1835, actividad encuadrada en los actos conmemorativos de la celebración del 750 aniversario de la villa.

Una recreación como intento de aproximación fidedigno de aquel suceso histórico que daba comienzo el viernes, con la llegada de las primeras tropas carlistas e instalación del campamento, en el que, la avanzadilla, para mayor verosimilitud del evento, hizo noche.

A partir de ahí, sonidos, primero de la música militar, luego de disparos de fusil y de los cañones, que coincidieron, como entonces con el del repicar del campanario de la parroquia. Olor a pólvora, humareda, y gritos desde las partes enfrentadas, que no tuvieron que augurar nada bueno.

Noche en la que, como reseñan los historiadores, ninguna de las partes tuvo que pegar ojo. Unos a la espera de la orden del segundo asalto, los otros, dispuestos a la defensa.

Visita guiada

Y en ese contexto, reedición y aproximación a aquel suceso, Ordizia asiste hoy al desenlace de la recreación del asedio de 1835 que a las 11.00 horas en D’elikatuz, anuncia la charla y a continuación, visita guiada que ofrecerán los historiadores Nerea Garmendia y David Cano (Gure Iragana taldea) bajo el título ‘El asedio de 1835’. A esa misma hora, diana a cargo de la banda de pífanos de la asociación Anaka de Irun, por el casco histórico. A las 12.00 del mediodía, en el parque Barrena, preparativos para un nuevo asalto. Bombardeo artillero y colocación en posición de la columna de asalto. Llegada de la noticia de la derrota de Espartero en Descarga. Se envía a un oficial prisionero para que dé cuenta a la guarnición liberal de que no pueden esperar refuerzos. Capitulación de la villa.

Reseñan los historiadores que, acordada la capitulación, el 3 de junio de 1835, a las seis de la tarde, las tropas carlistas entraron en Ordizia.

«La Guardia Nacional (soldados) fue desarmada y sus propiedades respetadas conforme a lo que se había pactado anteriormente. Una gran cantidad de provisiones de todo tipo, 800 fusiles y un cañón de ocho libras pasaron a manos de los vencedores. Las fortificaciones de Villafranca de Guipúzcoa fueron destruidas de inmediato y sin más pérdida de tiempo se dirigieron también hacia Vergara para conquistar sus pretendidos almacenes de armas, cartuchos y alimentos».

En cuanto se supo la noticia de la toma de Villafranca, «la villa de Tolosa fue abandonada por la guarnición al mando de Jauregi, con tal precipitación que se dejaron dos cañones cortos de 12 libras (previamente reventados para inutilizarlos), así como una gran cantidad de harina, pescado salado y 25.000 cartuchos».

Obedeciendo órdenes, el 12 de junio Zumalakarregi puso rumbo a Bilbao al mando de 12 batallones y un tren artillado. Y aunque el mito del general carlista seguía creciendo, 21 días después de la toma de Villafranca, y solo 12 después de iniciada la marcha hacia Bilbao, Zumalakarregi, tras ser herido en una pierna moría, «en un ataque llevado a cabo contra su criterio». Lo hizo en la casa Mazkiaran barrena de sus parientes en Zegama.