Salgai Encartaciones/Enkarterriak

Junio de 2018. Nº 226, p. 5.

¿Qué se puede decir de una batalla pasada por agua? Pues que se mojó la pólvora y hubo ataques de risa que no llegaron a la tragedia, ni tan siquiera al drama.

Los organizadores pensamos que se cumplió ampliamente el objetivo, nuestra recreación fue muy “sui géneris”, es verdad, pero es que lo repetimos mil veces, queremos divulgar y reivindicar un pasaje muy importante de la historia de las Encartaciones y para ello organizamos un día de fiesta, con respeto y un mínimo rigor, pero lejos de una recreación que conmemore una tragedia militar. Somos hombres y mujeres de fusil con corchito y, además, tenemos “la suerte” de reivindicar la memoria de una batalla que, a pesar de los miles de muertos, no tuvo un claro vencedor.

Mil gracias a todos los voluntarios y voluntarias, a la caballería y a los caballos, a las infanterías, a esos sanitarios comprometidos, a las alegres aguadoras, al cura circunspecto, a los reporteros de aquí y de allende el Pirineo, al cocinero refunfuñón, a toda la intendencia, al hombre del volante, al traductor y a todos los que colaboraron en cualquier momento del proceso, sin olvidar, por supuesto, a los que generosamente nos han cedido sus campas, lugar natural del enfrentamiento y que representan el mejor de los escenarios y simbolizan una parte importante de aquella cruenta batalla.

Gracias a las instituciones locales de Abanto Zierbena y Muskiz por su apoyo y mención a los que se crecieron en momentos adversos y nos “fabricaron” fusiles de corchito que ya son la envidia de todos los ejércitos recreacionistas.

Las últimas acciones de la Batalla de Somorrostro quedaron en tablas, el agua, una tregua espitada y un rancho escaso nos dejan un pequeño amargor y el convencimiento de arrastrar una asignatura pendiente. Somorrostranos/as, el año que viene conquistaremos la luna con nuestra imaginación y nuestras ganas de pasarlo bien, divulgando y recuperando un pasaje que hay que rescatar del olvido.

A buen seguro recordaremos a César en su vidi, vici, veci.

Gracias.

Centro Trueba