Diario de Navarra

24/06/2018

Natxo Gutiérrez

Más de 200 figurantes reproducen ‘La Batalla de Lácar’, que a punto estuvo de cambiar el curso de la Tercera Carlista en 1875

Sucedió como en su réplica teatralizada de el sábado por la tarde. Las tropas del general carlista Mendiri sorprendieron al contingente liberal en una refriega que dejó en sus filas una estela de un millar de bajas. Ni la fecha en el calendario y mucho menos las condiciones meterológicas fueron coincidentes. La Batalla de Lácar, también conocida con el sobrenombre de La Sorpresa de Lácar por la celeridad con que se produjo el ataque, ocurrió “en una fría tarde del 3 de febrero de 1875”. Este sábado, el sol desaconsejaba ocupar las sillas expuestas al calor sofocante que irradiaba.

La distancia del tiempo -143 años- no minaba el recuerdo de una contienda, que -como señalaba Charo Apesteguía, gerente de Tierras de Iranzu- “estuvo a punto de cambiar el curso de la Tercera Guerra Carlista”. El recién nombrado monarca, Alfonso XII, estuvo a punto de ser apresado desde una posición cercana que ocupaba en el monte Esquinza.

Donde hubo descargas de fusilería y bayonetas caladas, en la plaza del Rebote, los mosquetones volvieron a escupir humo, aunque la balística estuviese remplazada por munición de fogueo.

El recuerdo de lo ocurrido comprometió a unos 250 voluntarios, la mayoría en calidad figurantes. Provenientes del valle de Yerri, de Pamplona y Guipúzcoa, el cartel -coordinado por Pedro Echávarri y José María Tuduri, en calidad de directores- y devolvió durante algo más de una hora al concejo a una época pretérita.

Antes de que hablasen las armas, los testigos de la función teatralizada conocieron el viático con el que se administraba a los moribundos la extramaución. Anunciado a golpe de campanilla por el monaguillo, que interpretó Hodei Arboniés, el sacerdote (Pedro Echávarri ) se abrió paso entre un gentío exclusivo de mujeres que bailaba al son del acordeón.

Los lazos en la realidad quedaron anudados en la ficción, con la coincidencia de diferentes miembros de una misma familia en la sesión vespertina. Unai Lezaún Arboniés -primo del monaguillo- volvió a dar vida por cuarto año a Josico, el mozuelo díscolo de las advertencias de su madre que se incorporó a las filas carlistas y que un disparo perdido acabó con su vida. Finalizada la recreación, madre (María Arboniés) e hijo -en la ficción y en la realidad- celebraron su reencuentro en su propio hogar de Lácar.