Partido Carlista

Tal vez sea sólo un resquicio en una ventana, pero es el que nos da la oportunidad de respirar y diluir el ambiente enrarecido, el que puede ayudar a disipar el olor a cerrado, a podredumbre, que ha traído consigo el Partido Popular a las instituciones públicas.

¿Cómo hemos podido ser capaces de soportar a semejante gente altanera con los débiles, que hablaba de sacrificios de los españoles cuando lo que han hecho ha sido imponer recortes a traición y no consensuados, que han hecho más grande la brecha entre ricos y pobres, que han producido precariedad laboral y de derechos de expresión, pobreza infantil, y mucho sufrimiento y dolor con esos inhumanos desahucios causantes de suicidios?.

Con sus políticas económicas y laborales han generado un desequilibrio en el reparto de la riqueza nacional producida en favor de las rentas del capital y en perjuicio de las rentas salariales que han retrocedido al 45%? No es preferible una sociedad en la que más del 50% pueda con soltura “llegar a fin de mes”, y con la ambición de progresar en ese porcentaje, a otra en la que sólo se pueda decir eso el 30%, que es a lo que nos ha conducido el sectarismo político, económico y social del Partido Popular?

En una sociedad más equilibrada en el reparto de la riqueza generada estaríamos más cerca de que la igualdad de oportunidades para todos fuese más real, viviríamos más tranquilos, y también sería un acicate para una mayor participación en la vida social y política con el fin de consolidar ese bienestar alcanzado, al mismo tiempo que generaría una mayor actividad del comercio interno que tendría su reflejo positivo también en el exterior, sin ninguna duda, y como consecuencia natural.

Hay que reconocerle al Obispo de Hipona perspicacia en el análisis así como clarividencia, cuando hablaba de “bandas de ladrones”, si echamos la vista a los gobernantes de nuestro más reciente pasado.

Los números que ahora sí han dado para el triunfo de una moción de censura contra el Gobierno central y centralista del PP de M. Rajoy ya estaban antes también, y si se hubieran sumado antes, habrían podido ahorrar a la sociedad española algún tramo del descenso al abismo de la dependencia económica en la que nos ha sumido el PP con una deuda pública igual al PIB anual del que tenemos que descontar un 3% para pagar los intereses de dicha deuda, así como también nos podría haber librado del ridículo político y judicial en Europa por “judicializar” la política, o sea por la utilización sectaria y torticera del Parlamento para hacer leyes que impidan una negociación política en las relaciones sociales, entre las distintas posturas, puntos de vista diferentes, objetivos políticos diferenciados, y que apunta en la dirección del fascismo.

A nivel interno del Partido hemos celebrado la fiesta anual de Montejurra en la que además de un canto a la convivencia acordada y querida, denunciamos los desmanes que en dicha convivencia social produce el liberalismo, cuya máxima expresión son las empresas multinacionales y la gran Banca, de la mano de siervos como el PP.

Es bonito juntarse y verse de nuevo, pero este partido nuestro, el Partido Carlista, no precisa sólo del apoyo con la asistencia a una fiesta, o del voto en unas elecciones; precisa también de la colaboración en la organización de esa fiesta, de ese reencuentro, precisa también del compromiso en la reflexión sobre las situaciones de la diaria convivencia social y sus propuestas de solución con la vista puesta en el Bien Común, y precisa también de la aportación económica para sobrellevar los gastos ordinarios de funcionamiento, de comunicación interna, y de proyección externa. A lo largo de nuestra vida histórica los miembros del Partido Carlista hemos sido capaces de todo esto. Afortunadamente, hoy, el Partido Carlista no precisa ni pide, por tanto, ese plus que muchos de nuestros predecesores dieron para que el Bien Común fuese fácilmente visible para cualquiera de dentro de la sociedad vecinal, municipal, comarcal, regional, autonómica, nacional…, o de cualquier extranjero que nos visite.

Este número 66 de nuestro medio de comunicación escrito, El Federal, a la vez que reflejar  lo que hacemos para acercarnos a los objetivos políticos y de sociedad que nos señala nuestra ideología, quiere ser también un acicate a esa reflexión conjunta entre nosotros y con otra gente que no viene con nosotros pero que coincidimos en la decisión de apoyar una democracia participativa en la que la gente, los ciudadanos, sean escuchados y tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones políticas, económicas o sociales, así como en la oposición activa al fascismo,  la xenofobia y el racismo.