Carta de Josep Miralles Climent enviada al diario valenciano Levante.

Estos días estoy leyendo en prensa y escuchando por radio que se están ultimando los informes con el fin de derribar la Cruz que hay en el Parque de Ribalta, en aplicación de la Ley de la Memoria Histórica por lo que se refiere a la simbología franquista.

Como miembro que soy del Grup per la Recerca de la Memòria Històrica de Castelló, historiador y represaliado por el franquismo, quiero manifestar algunas cuestiones al respecto.

Para mí lo más importante de la Ley de la Memoria Histórica es la identificación y la digna sepultura de todos los muertos fusilados por el régimen franquista y también de todos aquellos que murieron en guerra sin poder ser identificados en su día, así como los pocos que quedan entre los asesinados en 1936. Es lo que podríamos calificar como la justa “Reparación” de las víctimas.

Personalmente, a día de hoy, no contemplo la necesidad de más actuación por varias razones que en otros escritos ya he venido manifestando al respecto. Aparte del concepto de “Reparación”, desde los grupos memorialistas se reivindica también la “Verdad” y la “Justicia”, aunque, últimamente -sobre desde las instituciones-, también se ha incluido el concepto de “Memoria Democrática” como dando por hecho que los represaliados del bando republicano eran todos demócratas homologables a las democracias actuales, lo cual es muy cuestionable, como cuestionable es que la democracia formal y burguesa que había entonces -al igual que la que tenemos hoy-, sean una panacea. No es ninguna panacea, tal vez sea un mal menor, pero como quiero pensar que otro mundo posible, algún día encontraremos otra alternativa que dejará en ridículo esta democracia liberal y partitocrática que padecemos y que deja mucho que desear, especialmente en el campo de la justicia social y también de la ética.

Por lo que se refiere a la “Verdad”, creo que los historiadores -profesionales o no profesionales- ya se han encargado -y se están encargando- de buscarla en base a datos objetivos y documentos.

El tema de la “Justicia” es más cuestionable. Siempre se piensa, desde los grupos memorialistas, en la “Justicia” para condenar los crímenes del franquismo, pero nunca los que se cometieron en el bando republicano. Pero dado que, los juicios del franquismo fueron una farsa, y por tanto nulos, esto no significa que muchos de los crímenes que allí se juzgaron no existieran, por lo que nos veríamos en la tesitura de tener que aplicar una “justicia democrática” a todos, “republicanos” y “franquistas”. Pero… ¿es eso lo que queremos?

Y ahora pasamos al tema de la simbología franquista como es el caso de la Cruz del Parque de Ribalta -y de todas las Cruces que antes se les decía de los “Caídos” -. Ya escribí en un artículo anterior que la ya derribada Cruz de la Vall d’Uixó, había sido “rehabilitada” en época “democrática” por el alcalde comunista del pueblo en 1978, borrando los nombres de los “caídos”; también el ayuntamiento democrático de Castellón, decidió borrar la leyenda “Caídos por Dios y por España ¡Presentes!”, con el escudo de Falange y el del águila, que había en la cruz del Ribalta. En ambos casos -y muchos otros de parecida significación- unos gobernantes municipales de la transición, tuvieron la inteligencia de dejar incólume un símbolo de paz y amor, conscientes de que era un símbolo del que se habían servido los franquistas, es decir, lo habían utilizado como pretexto para imponer una dictadura sanguinaria.

Pues bien, ahora unos políticos oportunistas, que buscan el voto fácil de una cierta progresía anticlerical, están dispuestos a derribar un símbolo que, además de ser una representación de nuestra tradición y cultura, es, como he dicho, el mayor símbolo de paz y amor entre las personas de buena voluntad.

Si tuviéramos que derribar todo lo que se construyó durante el franquismo, se deberían derribar también edificios como el de los sindicatos, o la Subdelegación del Gobierno, ambos ubicados en la Plaza María Agustina; o la consejería de Educación de la Avenida del Mar, etc. Unos edificios de los que, al igual que en las cruces, hace 40 años, ya se sacaron también los símbolos que evidenciaban su vínculo con la dictadura franquista. Está claro que, para las mentalidades materialistas y pragmáticas, es una pérdida demasiado valiosa derribar edificios mastodónticos como los mencionados (incluso los pantanos, también de factura franquista); es más cómodo y barato derribar unas simples cruces, aunque representan una forma de espiritualidad, o quizás sea precisamente por eso.

En síntesis, creo que la “Verdad” no la han de buscar las instituciones ni los políticos, sino los investigadores; la “Justicia”, si después de tantos años todavía hay que buscarla, habría que ejercerla contra todos -instituciones y personas- que cometieron crímenes durante la guerra y el franquismo; y la “Reparación”, esa sí, esa es la única que aún se puede y se debe realizar: dar digna sepultura a los que fueron tirados, abandonados o enterrados como perros en las cunetas, pozos y fosas de nuestra geografía. Y en cuanto al tema de la Cruz del Ribalta en particular -y de las cruces en general-, creo que pretender derribarla forma parte de una obsesión progresista de corta mirada.