Acto en honor de los tradicionalistas enterrados en la cripta, en 1964.

La Vanguardia

19/08/2018

Hilari Raguer i Suñer

En la cripta del Tercio descansan los restos de los tradicionalistas catalanes

A raíz de la decisión del Gobierno de Madrid de retirar del Valle de los Caídos los restos de Franco, se habla ahora de hacer lo mismo con los requetés enterrados en Montserrat. Formé parte (no como benedictino, sino como historiador) de la comisión a la que el gobierno de Zapatero encargó un dictamen sobre lo que conviene hacer en aquel valle de lágrimas. Con la misma firmeza con que entonces sostuve que hay que sacar a Franco, que no es un muerto de la guerra, sino el principal responsable de los muertos de la guerra, ahora digo que el caso de la cripta de los muertos del Tercio de Montserrat es muy diferente. Sus familiares o compañeros precisamente rechazaron enterrarlos en el Valle, y no los podemos confundir.

Me decía Luis Romero, escritor famoso y también historiador notable, que la Guerra Civil fue como una navaja afilada, sobre la que no te puedes sentar, sino que tienes que decidirte por un lado o por el otro, y así, persona o grupos que la víspera del golpe militar eran buenos amigos se encontraron al día siguiente combatiéndose a muerte. Muchos, aunque tuviesen que combatir en uno u otro ejército, no se identificaban con ninguna de las dos Españas. Ya en 1976, en mi historia de Unió Democràtica de Catalunya (que era para mí la ocasión de presentar una nueva visión del papel de la Iglesia en la Guerra Civil), dedique un buen apartado a “la tercera España”. Mi amigo Paul Preston profundizó el tema en su libro Las tres Españas del 36 (Plaza&Janes, Barcelona, 1998).

Los de la cripta de Montserrat no habían querido la guerra. Es de sobras sabido que en Barcelona fue mínima la trama civil, y en ella eran pocos los tradicionalistas. Pero con la revolución desencadenada después del fracaso de los militares sublevados, sobre todo en pueblos, donde todo el mundo sabía por quién votaba cada uno, los fejocistes (de la Federació de Joves Cristians de Catalunya) y otros jóvenes católicos eran cazados como conejos. Sin duda no lo habían elegido. Los que pudieron pasaron la frontera con penas y trabajos y en el otro lado, encontrándose en edad militar, antes de disolverse en ninguna unidad del ejército regular, se inscribieron en el Tercio de Montserrat, donde se encontraban entre catalanes y cobijados bajo la invocación de la Moreneta, pero estaban en la tercera España. Franco los utilizó de carne de cañón, en Codo y sobre todo, ahora hace 80 años, en el Ebro. A pesar de su heroísmo, que les había validado la laureada colectiva, acabada la guerra las nuevas autoridades eclesiástica de la España nacionalcatólica prohibieron la Federació de Joves Cristians de Catalunya.

La cripta de Montserrat donde ahora descansan está en un rincón escondido y muy poco visitado. No hay señas externas políticas o partidistas. No se reúnen grupos multitudinarios con banderas y gritos. Sólo una vez al año un pequeño grupo de familiares y amigos van discretamente y, sin ninguna publicidad, los recuerdan y también ruegan por ellos. ¡Descansen en paz!