El Periódico de Aragón

26/08/2018

Luis Negro Marco

El catedrático de Historia Contemporánea ha presentado este semana en Herrera de los Navarros y Villar de los Navarros un documental sobre Charles Lewis Gruneisen, considerado el primer corresponsal de guerra.

–¿Considera que el carlismo ha sido bien abordado por los historiadores?

–Creo que en bastantes ocasiones el carlismo no ha sido bien comprendido, pues se trata de entender con la mentalidad de hoy a hombres de hace cerca de doscientos años, cuya escala de valores era muy distinta de la actual.

–Las guerras carlistas se suscitaron por un problema sucesorio a la corona de España tras la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833 ¿Les asistía la razón a los carlistas cuando reclamaban la corona para don Carlos, en detrimento de su sobrina, la reina Isabel II?

–Desde el punto de vista de la legalidad del antiguo régimen parece indudable, pues por más que se denominara rey absoluto, Fernando VII no podía cambiar el orden de sucesión a la corona sin respetar una serie de formalidades que no tuvo en cuenta, la principal de las cuales era convocar unas Cortes cuyos diputados tuvieran poderes extraordinarios para discutir el tema.

–Gruneisen era masón y apoyó a don Carlos convencido de que su partido representaba el progreso en España. ¿Es un mito identificar al carlismo como contrario a las libertades?

–La mayor parte de los tories ingleses, incluyendo al duque de Wellington, veían con simpatía la causa carlista, pues no hay que olvidar que Gran Bretaña no ha tenido nunca una Constitución escrita como las que los liberales españoles copiaron de Francia. Los carlistas eran vistos por ello como defensores de esa España tradicional que se había opuesto a Napoleón en 1808.

–¿Qué principales ideas sustentaron el pensamiento carlista a lo largo del siglo XIX?

–La defensa de la religión frente a los ataques del liberalismo (exclaustración, desamortización, matanzas de frailes como la de Madrid de 1834) y la defensa del papel decisivo del rey en el gobierno del reino, sin que eso supusiera que podía hacer cuanto le viniera en gana (de ahí su oposición a Fernando VII). Posteriormente fue tomando protagonismo la defensa de los fueros y leyes particulares de cada zona.

–Si el carlismo fue firme defensor de los fueros de los navarros y de las provincias vascongadas, ¿por qué tuvo sin embargo tanto peso también en Aragón?

–El carlismo tuvo gran peso en toda España, y si en Navarra y vascongadas el alzamiento inicial tuvo tanta fuerza, adhiriéndose a él Vitoria y Bilbao, fue no porque se tratara de un alzamiento en defensa de los fueros, sino porque la existencia de los mismos hizo que las autoridades locales pudieran disponer de unas milicias armadas que protagonizaron la sublevación, milicias que habían sido neutralizadas en el resto de España. Probablemente la región más carlista de España fuera Cataluña, pero Aragón y Valencia adquirieron al final del conflicto un peso mayor que el del Norte debido al genio militar de Cabrera.

–Se ha repetido que el independentismo catalán tendría su base en el pasado carlista de Cataluña a lo largo del siglo XIX y principios del XX ¿Qué opina usted al respecto?

–El carlismo, en tanto amante de la tradición, juega un papel importante en la recuperación de la cultura catalana y vasconavarra, pero desde el punto de vista político se enfrentó al nacionalismo, lo que se vio con gran claridad en la guerra civil, cuando gudaris y requetés se combatieron a muerte en la campaña del Norte.

–¿Herrera de los Navarros y Villar de los Navarros podrían ser referentes en Aragón en la difusión de la historia del carlismo como lo es Estella en Navarra?

–Quizá el evento que hoy se conmemora más en Aragón relacionado con el carlismo es la fallida sorpresa de Cabañero sobre Zaragoza el 5 de marzo de 1838 (la Cincomarzada). La acción de Villar o Herrera supone la otra cara de la moneda, la que recuerda a ese carlismo que tuvo opciones reales de ganar la guerra.