Diario Vasco

26/08/2018

Félix Ibargutxi

Luis María Zavala ha donado su ingente documentación al Archivo Histórico de Euskadi

«Todo esto va al Archivo Histórico de Euskadi. Tal cual. Es una donación, porque soy soltero, no tengo descendecia. La única condición que he puesto es que se conserve en buenas condiciones». Quien habla es Luis María Zavala Fernández de Heredia, creador del Archivo Zavala, lo que le ha supuesto «mucha dedicación y mucho dinero».

En Euskadi no hay un archivo privado de estas dimensiones y transcendencia. Zavala es un personaje muy conocido por quienes se han dedicado a la investigación histórica. Muchas tesis doctorales se han gestado en este archivo, que consta de 50.000 documentos, gestionados por Zavala con la ayuda de la documentalista Ana Arcos. En los últimos años se redujeron mucho las visitas, dado que toda la documentación se había digitalizado. Ese proceso de digitalización fue muy laborioso, duró casi tres años.

Luis María Zavala ha mantenido este archivo durante décadas en la calle Easo de San Sebastián. Las carpetas portan en su lomo distintos escudos heráldicos, correspondientes a los linajes que se dan cita entre estas paredes del edificio, situado frente al Hotel Londres, con vistas a la bahía.

El Archivo de la Casa de Zavala reúne la documentación generada por diversos linajes y mayorazgos, principalmente guipuzcoanos, desde mediados del siglo XV hasta la primera mitad del siglo XX, con un total de 50.000 documentos, de los cuales 14.000 son cartas. «Hasta no hace mucho, a las cartas no se les daba mucho valor, pero son una fuente muy valiosa de información para los historiadores», comenta Luis María.

El fondo más voluminoso y más rico corresponde al linaje Zavala, al cual se fueron agregando, por vía matrimonial, los correspondientes a otras familias, entre las que se incluye también la asturiana de los Fernández de Heredia, vizcondes del Cerro.

El linaje Zavala, radicado históricamente en Ordizia y Tolosa, surge con Domingo de Zavala (1535-1614), héroe de la batalla de Lepanto y consejero de Hacienda, fundador del mayorazgo de su apellido (1612). «En el palacio de Zavala, que está en Ordizia junto a la estatua de Andrés de Urdaneta, nació mi tatarabuelo. Se construyó entre 1580 y 1614. De todas formas, el origen de los Zavala está en la casa Zabale, que está a la entrada del pueblo, a la derecha si vienes desde San Sebastián, que tiene elementos mudéjares, se quemó hace unos años y se volvió a construir».

«Por el apellido Zavala nos remontamos 500 años, pero por el lado de Olaso todavía más», prosigue Luis María. El fundador en 1612 del mayorazgo de Zavala, Domingo de Zavala –realmente Domingo Martínez de Arramendia o de Zavala– tuvo un hijo, Martín, que al casarse se convirtió en señor de Olaso en Elgoibar.

Los Olaso eran los mandamases de Elgoibar. Edificaron otra hermosa casa-torre en Bergara, y es allí donde nació Telesforo Monzón. «Mi padre, Ramón de Zavala y Monzón, nacido en 1899 y muerto en 1964, era primo carnal de Telesforo. En la Guerra Civil de 1936, mi padre, que ya tenía unos años, optó por el tercio de requetés San Ignacio de Loyola, y tomó parte en la contienda en el frente de hospitales. Mientras tanto, su primo Telesforo era consejero de Gobernación en el ejecutivo del lehendakari Agirre».

Retrocediendo nuevamente en el tiempo, recordemos que el linaje de los Zavala arrancó en Ordizia. Pero luego el principal palacio de los Zavala sería uno de Tolosa, el palacio Aranburu –edificado en 1648–, que actualmente es de propiedad municipal y acoge la biblioteca pública. En ese palacio de Aranburu vivía el que posiblemente es el antepasado más renombrado de nuestro protagonista: Manuel José de Zavala (1772-1842), tercer conde de Villafuertes y diputado general de la provincia. «Un gran liberal», en palabras de Luis María.

Manuel José de Zavala fue un destacado político liberal en las etapas del Trienio y de la primera guerra carlista. Tuvo un riquísimo epistolario y se conservan 3.000 cartas. Prócer del Reino desde 1834, tuvo problemas políticos durante la Década Ominosa, razón por la que residió en Francia largas temporadas. Estudió en la Sorbona Mineralogía y Ciencias Naturales.

Liberales e integristas

Si el linaje Zavala vivió la primera guerra civil (1833-1839) desde el bando liberal, en la segunda (1873-1876) lo haría desde el bando carlista, continuando Ramón de Zavala y Salazar al servicio de la causa integrista durante el período de la Restauración. Las grandes cuestiones del siglo XIX en Gipuzkoa, y por extensión en toda España –liberalismo, carlismo, guerras civiles, Fueros vascos–, ocupan así otra gran parte de los fondos del Archivo.

Testamento de 1425

¿Cual es el documento más antiguo? Uno que data del 24 de abril de 1425, el testamento de Juan López de Gamboa, señor de Olaso de Elgoibar. Luis María muestra también una real cédula de 1499, firmada por Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. Ese documento obliga al conde de Cifuentes a vender un horno, en Sevilla, al convento de San Francisco. Otro documento curioso es una real cédula de 1520, en la que el rey Carlos V concede a los señores del palacio Aranburu de Tolosa la exención de alojamiento de tropas.

Luis María también quiere mostrar unas cuantas cartas que ilustran lo variado que es el universo epistolar que acoge el archivo. Hay una de Tirso de Olazabal, mano derecha del pretendiente al trono Carlos VII, y que ostentaba el título de conde de Arbelaiz, con palacio en Irun. Hay otra del jesuita Manuel de Larramendi, autor del célebre diccionario trilingüe, «y esta carta está aquí por la rama de los Olaso». Podemos ver una misiva del guerrillero liberal Gaspar de Jauregui, escrita en su exilio de Bayona, y otra de Muñagorri, el padre de la iniciativa ‘Paz y fueros’. Y otra carta del cura guerrillero Santa Cruz, enviada desde Pasto, en Colombia en el año de 1907. «Firmaba con el segundo apellido, Loidi, para que la correspondencia no fuese intervenida al llegar a España». Y el archivero nos muestra también una carta de María Amalia de Aguirre y Acedo, marquesa de Montehermoso, célebre porque fue retratada por Goya, siendo una niña, hacia el año de 1810. Era originaria del palacio de Atodo, en Tolosa.

Posteriormente, otros mayorazgos guipuzcoanos serían incorporados a la Casa de Zavala. Por ejemplo, mediante el matrimonio, celebrado en 1854, entre Ramón de Zavala, hijo menor del Conde de Villafuertes, con Florencia de Eznarrízaga y Zuaznabar, pasan a formar parte del archivo los fondos de las familias de las que Florencia era heredera única. Corresponden a ocho mayorazgos –de pueblos como Oiartzun, Hernani y Zaldibia–, más los derechos al Patronato de la parroquia de Hernani. El palacio principal de Florencia estaba en Ugaltexo (Oiartzun) y se quemó dutante la segunda guerra carlista.

Las posesiones y la documentación aumentaron todavía más cuando el padre de Luis María, Ramón, casó en 1929 con Ana María Fernández de Heredia, cuarta vizcondesa del Cerro, emparentada con los Zuloaga de Hondarribia, condes de Torre Alta.

Luis María está orgulloso de las publicaciones que ha impulsado y patrocinado. Por ejemplo, ‘El castillo de Gorriti. Un pueblo recupera su memoria’, que describe la manera en la que el concejo de ese pueblo navarro hizo unas excavaciones y recuperó la memoria del castillo, relacionado con la batalla deBeotibar. «Se había perdido la memoria, pero existían unos topónimos que daban que pensar, como ‘Gazteluko aldapa’ y ‘Hezurmendi’.

También ha editado el libro ‘Domingo de Zavala. La guerra y la hacienda (1535-1614)’, del historiador Arturo Cajal Valero; y ‘El Gobierno y Administración de fábricas de armas. S.XVII. La Familia Zavala’. Y pronto va a ver la luz una publicación sobre el cura Santa Cruz.

De joven jesuita, luego miembro de la Academia de la Historia

Zavala tiene una biografía densa. Nacido en San Sebastián hace 82 años, residió en la llamada Villa Cerro, de Ategorrieta, y pasaba los veranos en el palacio de la familia en Tolosa, el Palacio Aranburu.

Se hizo jesuita. Estudió primero en Loyola, y luego Teología en Oña. Dejó la orden de San Ignacio y puso en marcha negocios diversos, como un hotel, una gasolinera y un centro comercial, en la zona de Errenteria-Oiar-tzun. «La formación jesuítica me vino muy bien para luego dirigir los negocios». Es miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia desde 1993, y también forma parte de la Orden de Santiago.

Era amigo de Enrique Múgica Herzog, y cuando Felipe González nombró ministro de Justicia a este donostiarra, Zavala fue designado director general de Asuntos Religiosos. «Fue a lo largo de los años 89, 90 y 91. Tramité los acuerdos por los que las otras religiones -los protestantes, los judíos y los musulmanes- se equiparaban en beneficios con la religión católica. Cuando cayó Enrique, dimití. Me fui encantado. No era político. Con Setien me llevé bien. Era muy inteligente».

Antes de eso, en 1977, Zavala puso con su dinero en marcha la revista ‘Saioak’ de estudios vascos, en la que colaboraron personas de ideologías diversas, incluida la izquierda abertzale; por ejemplo, Lopez Adan ‘Beltza’ y Txillardegi.

Curiosamente, aparece en la última novela de Ramon Saizarbitoria, traducida al catellano con el título de ‘La educación de Lili’. El escritor donostiarra lo introduce como elemento de anclaje para narrar una historia relacionada con un libro euskérico antiguo y el conde de Peñaflorida.