La pregunta formulada así, de sopetón, no tiene una respuesta fácil y comprensible. Para contestarla atinadamente hay que -sin ser gallego- plantear previamente dos preguntas interrelacionadas: ¿qué entiende Vd. por Dios? Y ¿qué consecuencias en la vida ha de tener esa creencia?.

A la pregunta de qué sea Dios se han dado y se dan muchas respuestas. Para, unos con el nombre de dios nos referimos a una creación humana sin existencia real, salvo la que quieran darle sus creyentes en él. Según otros, es un Ser que vive allá en ese lugar que denominan cielo, al que tratan de definir dogmáticamente. No faltan quienes creen que es el Misterio fundante de toda la realidad, que está dentro de ella y a la vez la desborda. Los seguidores de Jesús añaden que según nos reveló de su Abbá es Amor y que su reinado es el de un mundo fraterno donde los últimos son los primeros.

Pero no olvidemos que caben dos posturas más: la de quienes pasan de esa cuestión y se encogen de hombros porque no les interesa en absoluto. Y la de quienes se niegan en redondo a responder,  se acogen a su derecho a no revelar su creencia o increencia. Derecho amparado en nuestra Constitución vigente, en su Art. 16.2.

La pregunta clave -a mi juicio- es la segunda. ¿Qué consecuencias tiene en mi vida mi creencia o increencia?. ¿Es un mera fórmula teórica sin resultados?. ¿No es la praxis mucho más importante  que la teoría?. ¿No es la auténtica línea divisoria la que se da, no entre creyentes  e increyentes, sino entre conformistas con este sistema injusto y los que luchan por cambiarlo hacia el horizonte de una sociedad justa y libre?.