Con motivo de la reciente visita de la Familia Borbón Parma a Madrid hemos podido conversar con Don Jaime sobre su labor como diplomático del Reino de los Países Bajos, tanto en relación a su experiencia como Embajador en la Ciudad del Vaticano como a su nuevo destino en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en Ginebra.

¿En que consiste la nueva responsabilidad que le han asignado en ACNUR?

Soy el asesor principal de cooperación con asociaciones del sector privado.

¿A que retos se enfrenta actualmente ACNUR?

Hay más de 25 millones de refugiados y 40 millones de desplazados internos. Todos tuvieron que huir de sus casas debido a la violencia. El número de refugiados está creciendo y las Naciones Unidas y los administraciones públicas de los países de acogida no pueden manejar esta crisis humanitaria por sí solas. Mi función es involucrar al sector privado para que extienda sus servicios a los refugiados, dándoles acceso a energía, finanzas y conectividad, para ayudarlos a desarrollar habilidades, conseguir empleo o acceso a los mercados internacionales para sus productos. Esto generará ingresos y hará que los refugiados sean autosuficientes y menos dependientes de las ayudas. Es un objetivo digno de lograr.

¿De que manera la llamada Nueva Diplomacia está influyendo en la geopolítica internacional?

La nueva diplomacia es encontrar socios también fuera de la diplomacia tradicional para resolver los desafíos complejos que enfrenta actualmente nuestra sociedad. Los diplomáticos solían trabajar con diplomáticos. Pero hoy también tienen que trabajar con organizaciones de ayuda humanitaria, académicos, ingenieros y expertos en tecnología, líderes religiosos y representantes de los jóvenes.

Actualmente los retos internacionales son grandes y complejos. Tenemos que crear un ecosistema de personas que puedan lidiar con la complejidad y actuar de una forma más adecuada y rápida.

¿Cómo valora su experiencia como Embajador en la Ciudad del Vaticano?

Tuve la oportunidad de trabajar con el Papa Francisco, los expertos del Vaticano y la red internacional de la Iglesia en las negociaciones de paz en países como Cuba, Colombia, Venezuela, Congo, Burundi y la República Centroafricana, por nombrar algunos. Trabajé en negociaciones climáticas y en la difícil situación de los refugiados. Fue un gran privilegio, pero también una gran oportunidad para el impacto social común.

El liderazgo renovador del Papa Francisco no ha dejado indiferentes ni a propios ni extraños, ¿qué destacaría del camino recorrido hasta ahora por el pontífice jesuita?

Cuando me despedí del Papa dije que el centro de la reforma no estaba tanto en el Vaticano, sino en las mentes de millones de personas que observaban y seguían su papado.

¿Considera el diálogo interreligioso como un marco imprescindible para lograr la Paz en el Mundo?

La religión rara vez es la causa central del conflicto, que es casi siempre político o económico. La religión si puede ser el combustible que ilumina los conflictos, pero también puede ser el agua la que lo extingue. El dialogo interreligioso es el agua.