Manuel Fernández de Sevilla, militante del Partit Carlista del País Valencià.

Bon dia a todas y todos,

Señor, Altezas:

No provengo de una familia de tradición legitimista, mi militancia carlista lo es únicamente por convicción ideológica, por la trayectoria que ha seguido la Familia Borbón Parma, por vuestro padre el Rey don Carlos Hugo I.

Quiero expresarle mi más profundo y sincero agradecimiento por la Cruz de la Legitimidad Proscripta que me ha impuesto. Es un honor pero sobre todo una gran responsabilidad el portar esta Cruz, todo un símbolo del Pacto Dinastía-Pueblo, ya que implica un compromiso político tanto por parte de quien la otorga como de quien la recibe. Esta Cruz, instituida en 1923 por vuestro antecesor el Rey Jaime III, nos recuerda el ejemplo de muchos miles de carlistas que por su fidelidad a la Causa sufrieron persecución y represalias de todo tipo. No es la nuestra una condecoración que se pueda homologar a cualquier otra Orden de las existentes en otros lugares de Europa. No es una distinción cortesana, sino todo lo contrario, es un emblema de lucha, de la lucha política de una militancia proscripta.

Para nosotros, los carlistas, la Monarquía no es una institución vacía que se justifiqué como un residuo estético del pasado para divertimento de aspirantes a rancios cortesanos, sino que tiene un contenido sin el cual perdería su sentido. Nuestro grito de “¡Viva el Rey!” no es un grito hueco, sino que equivale a un “¡Viva la idea!” que el Rey representa; para nosotros, los carlistas, la Monarquía es la roca ante la cual quiebran todas las injusticias. Por eso creo oportuno recordar, aquí y ahora, la brillante definición del Pacto Dinastía-Pueblo que realizo vuestro abuelo, el Rey Javier I, con motivo del Congreso Carlista de 1966:

“El gran tesoro de nuestra Monarquía Tradicional es, precisamente, esa fructífera colaboración de la Dinastía y el Pueblo carlista. Un pueblo monárquico sin cabeza es un contrasentido, carecería de fuerza política y no tendría capacidad de atracción ante los restantes ciudadanos del país. Una Dinastía sin Pueblo quedaría totalmente incapacitada para cumplir con su deber. Sería nada más que una constante reclamación de unos derechos heredados, que nada importaría a los españoles que piensan en el futuro y en el bien de la Patria. Pero nuestra Monarquía tiene, desde hace siglo y medio, esta colaboración entre Pueblo y Dinastía. Una colaboración sellada con lealtad, entrega, adhesión, afecto vivísimo y, en muchas ocasiones, rubricada con sacrificios, penalidades, cárceles, destierros y hasta la propia vida. Ante una historia así, nadie puede retroceder. Nadie puede abdicar en sus obligaciones”.

Vuestro padre, el Rey Carlos Hugo I, en una entrevista con Le Nouvel Observateur el día 5 de noviembre de 1975, al ser preguntado por la evolución política del carlismo afirmaba lo siguiente:

“Ha representado a las fuerzas populares contra un pretendido liberalismo que no era otra cosa que un instrumento del capitalismo naciente y apoyado por el extranjero; que había impuesto la desamortización, la privatización no solamente de los bienes de la Iglesia sino de las tierras comunales al servicio del desarrollo de la propiedad privada. Nosotros hemos querido proteger todo aquello que era comunal, común, colectivo. ¿Qué es el socialismo? Es la integración del hombre en la comunidad”.

Hasta aquí vuestro abuelo y vuestro padre. Ésta y no otra es la esencia de nuestra Causa, la alianza política de una Dinastía y de un Pueblo para luchar contra las instituciones ilegítimas de un cierto liberalismo que en lo político niega derechos democráticos a las personas y a los pueblos, en lo social se muestra explotador del ser humano, y en lo cultural quiere hacer tabla rasa de todo pasado histórico a fin de reconstruirlo a su antojo y conveniencia.

Ante la caricatura cortesana, clerical y paramilitar del Carlismo, que nuestros enemigos han difundido entre el pueblo español para desacreditarnos, la realidad es que, desde hace casi doscientos años, constituimos un cuerpo completo de doctrina política que en cada momento histórico ha sabido presentar a la sociedad española, siempre viva y por tanto siempre cambiante, un programa realista con el que hacer frente a los problemas del presente.

Así, entre otras muchas cosas, frente a las actuales tendencias recentralizadoras y centrífugas proponemos un federalismo que, entroncando con el modelo de nuestra clásica tradición política encarnada en lo que fue la Monarquía Hispánica, constituya un estado plurisoberano y representativo de todos y cada uno de los pueblos que integran Las Españas.

Frente a la corrupción, que parece que todo lo infecta hasta el extremo de que hablar exclusivamente de corrupción política tal vez sea un reduccionismo, y al problema de libertad y representatividad política que plantea la actual “democracia representativa”, proponemos una “democracia societaria”, plural, social y solidaria, articulada de abajo a arriba, donde los representados puedan participar activa y constantemente en las decisiones de sus representantes mediante el “mandato imperativo”, y en la cual los políticos queden sujetos a una especie de “juicio de residencia” que valore la honradez y honorabilidad con la que han desempeñado sus funciones.

Creemos de vital importancia y, por tanto, proponemos un cambio estructural que prime la economía productiva sobre la especulativa en un marco de crecimiento ecológicamente sostenible. Resulta de una ceguera absoluta que se continúe sobreexplotando los recursos naturales porque al ser imposible la existencia de un crecimiento infinito en un mundo finito, la actual política de crecimiento económico sólo puede terminar en un colapso que sobrevendrá al agotarse los recursos naturales.

Igualmente entendemos la economía como una ciencia al servicio de las personas, por lo que debe servir a la prosperidad y al desarrollo de todos y no únicamente de unos pocos, por lo que proponemos una economía de responsabilidad social que sustituya el criterio del lucro individualista por el servicio al Bien Común, siendo inadmisible que en nuestro común planeta persistan ingentes masas de seres humanos en condiciones de miseria y pauperismo a pesar de habitar en zonas ricas en recursos naturales, mientras que en nuestro mundo occidental se constata un retroceso progresivo en derechos sociales y se abre camino el hecho incuestionable de que cada vez más personas tienen acceso a menos cosas en lo que está suponiendo un cambio sociológico en el que los hijos van a vivir peor que sus padres.

Soy, somos conscientes, de que nuestras propuestas no son sólo propuestas y exigencias materiales sino que buena parte de ellas descansan en principios metafísicos que exigen una renovación moral del ser humano. Soy, somos conscientes, de que nuestra tarea es enorme, porque resulta mucho más fácil asaltar el Palacio de Invierno que cambiar el corazón de un solo hombre, y de que los carlistas de hoy, como los de ayer, estamos llamados a desarrollar un enorme esfuerzo creador que, partiendo del análisis de la realidad, sea capaz de dar respuestas eficaces a los actuales problemas teniendo muy claro que, recordando aquello de Pierre Corneille de “vencer sin arriesgarse es triunfar sin gloria”, solamente del trabajo y del esfuerzo nace la creación duradera.

Soy, somos conscientes, de que en ese esfuerzo creador contamos con vuestro apoyo y colaboración junto con el de la Dinastía Legítima que representáis.

¡Viva el Rey don Carlos Javier I!

¡Vivan las Españas!