Un grupo de cristianos celebraba la Festividad de la Familia en el primer domingo siguiente a la Navidad. Surgió el tema de la familia tradicional que parece estar entredicho.

Pues suele decirse que es la formada por el padre, la madre y los hijos. Pero si nos remontamos unos pocos años más atrás, no era esa la tradicional. Era mucho más amplia: abuelos, padres, tíos, hijos, primos… La familia larga que llaman los sociólogos, en contraposición a la corta que es la que algunos se empeñan en defender a ultranza, como si hubiese sido la única en la historia de la humanidad. ¿No hubo formas de poligamia y también -aunque minoritarias- de poliandria?

Lo que hoy nos encontramos es una multiplicidad de familias: parejas casadas por rito religioso o civil o de hecho; con hijos -biológicos, adoptados o acogidos- o sin ellos; monoparentales con hijos a su cargo, mayormente de mujeres; de hombre y mujer o del mismo sexo; de uno o ambos divorciados, con hijos de sus anteriores uniones y hasta de la nueva…

¿Quién no conoce alguno de estos tipos de familia en sus círculos más próximos o forma parte de alguno?.

La igualdad jurídica y social entre las distintas familias, sin discriminaciones, es todavía un ideal a realizar, en nuestras sociedades hipócritas y cínicas.

Mas hay una cuestión clave para que la familia -cualquiera- sea el núcleo básico de la sociedad, la primera fuente de socialización amorosa de las nuevas generaciones y amparo de todos sus miembros, principalmente de los más débiles.

La Familia ¿es fuente de con-vivencia? o ¿es germen de dis-vivencia?.

La Familia es fuente de convivencia cuando en ella se dan el respeto y el cariño recíprocos, basados en la lealtad y en un compromiso de vida compartida, no enclaustrada en sí misma, sino abierta a las demás personas. Quien dice familia, alude a un hogar bajo un techo, con tareas domésticas compartidas, educación de las nuevas generaciones que a ellas llegan y cuidados de los débiles que las componen. Con trabajo externo en condiciones dignas que aseguren ingresos suficientes para su mantenimiento.

¿Pero habremos de ignorar la existencia de familias desestructuradas que son germen de dis-vivencia? En ellas, el maltrato -físico, sexual, o psicológico- el odio, la búsqueda del capricho hasta violento de un miembro a costa de los de los demás es el horizonte que se respira asfixiando a todos sus miembros. La violencia de género, la muerte de cientos de mujeres a manos de su parejas es el horror de esas estadísticas que no descienden. La ideología patriarcal, machista, está detrás de esas antifamilias, donde la dis-vivencia es la mejor descripción. En muchas de ellas, las drogas, entre ellas el alcohol, agravan los problemas. ¿Y no ha surgido otra violencia dentro de ellas, la intergeneracional, de los jóvenes hacia sus mayores?