El Periódico de Aragón

31/01/2019

Luis Negro Marco

‘La cámara en el macuto’ reúne 950 imágenes realizadas por voluntarios carlistas, también aficionados a la fotografía

La guerra civil española fue, seguramente, la primera contienda mundial en la que los medios de comunicación (radio, cine, fotografía, carteles, revistas y periódicos) fueron considerados por ambos bandos enfrentados, tan importantes –o más– para la victoria final, como el armamento militar. De hecho, algunos de los más importantes fotoperiodistas y corresponsales de guerra de la historia oyeron por vez primera silbar las balas parapetados tras las trincheras en el frente de Aragón, o en los primeros días de la defensa de Madrid.

La cámara en el macuto reúne más de 950 imágenes –en su mayoría inéditas– realizadas por ocho voluntarios carlistas (Sebastián Taberna, Nicolás Ardanaz, José González de Heredia, Martín Gastañazatorre, Julio Guelbenzu, Germán Raguán y Lola Baleztena) quienes, desde su doble condición de fotógrafos aficionados y combatientes, recogieron a través del objetivo de sus Laikas y Werlisas una visión directa y honesta de la guerra civil española. Una tragedia que se prolongó por espacio de casi tres años, desde el 17 de julio de 1936, hasta el 1 de abril de 1939. Los carlistas, que lucharon junto a las tropas de Franco, lo hicieron agrupados en los llamados tercios de requetés (42 en total) en un número que pudo llegar hasta los 70.000 combatientes; muchos de ellos se alistaron en Navarra, si bien todas las provincias españolas contaron con soldados carlistas en apoyo de las tropas sublevadas contra la República.

Hasta la aparición de este libro –que se presenta con el prólogo del conocido historiador hispanista Stanley Georges Payne– la mayoría de las imágenes que se tenían de la guerra civil, estaban asociadas a las instantáneas que habían hecho para el diario parisino Ce Soir –financiado por la República española–, la pareja de reporteros gráficos formada por el húngaro Endre Erö Friedmann (Robert Capa) y su amante, la alemana Gerta Pohorylle (Gerda Taro). Y entre los españoles, algunos, como el valenciano Agustí Centelles, el murciano Bartolomé Ros, o los madrileños Díaz Casariego, y Demaria Vázquez (conocido como Pepe Campúa).

Una visión humana y real

En el caso de esta magnífica obra, que apareció publicada a finales del año pasado por La esfera de los libros, las fotografías que en ella encontramos nos muestran una mirada diferente de la contienda.

En palabras de Pablo Larraz, se trata de «una visión de la guerra muy humana y real desde el interior del microcosmos carlista de la Guerra Civil». En el volumen, las fotografías van acompañadas de fragmentos de cartas y diarios de guerra que nos ayudan a tener nuevos revelados de los ingentes rollos en negativo sobre la guerra civil que aún aguardan a ser positivados para acercarnos, poco a poco, a toda la verdad de aquella terrible historia.

Porque el secuestro de la memoria, su uso partidista, interesada corrección, y hasta eliminación, para servir a determinados intereses económicos o políticos, ha sido una más que secular constante de todos los totalitarismos a escala mundial. Algo que George Orwell, describió magistralmente en 1984, a través de su personaje, Winston Smith, porque el objetivo de los regímenes despóticos ha sido siempre un mundo en el que «el pasado había sido borrado, se había olvidado que había sido borrado, y de ese modo la mentira se convertía en verdad». Precisamente lo que ahora está acaeciendo en nuestra sociedad, altamente intoxicada de posverdades, imágenes virales y fake news.

Con cámaras en el frente

De ahí el gran interés de este libro magníficamente ilustrado con instantáneas tomadas por requetés fotógrafos que, como escribe Luis Hernando de Larramendi en la presentación, «en sus jornadas de combate llevaban, a más de su impedimenta militar, sus cámaras fotográficas al hombro y en el corazón, como sus compañeros, siempre el lema del devocionario del Requeté: Ante Dios nunca serás héroe anónimo». Una buena ocasión de conocer la historia.