Queridos carlistas:

De nuevo me dirijo a vosotros en esta fecha tan emblemática para todos nosotros. La festividad de los mártires es el día de la memoria carlista. Memoria entendida como ejemplo de nuestros padres y abuelos, que al recibirla debemos actualizar y proyectarla al futuro, al siglo XXI.

Cuando fue instituida por mi antecesor Carlos VII, su afán no era otro que recordar a nuestros héroes y, ante su memoria, estamos más que obligados a renovar nuestro compromiso personal y colectivo por conseguir una Sociedad más justa, más libre, más igualitaria, más solidaria.

Estos anhelos sencillos, claros y rotundos forman parte de nuestra herencia, nos los han transmitido nuestros mayores, y forman parte de nuestra experiencia acumulada, para como nos indica el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si “Recibir la herencia para hacerla germinar y darla” o, como nos explicó mi padre don Carlos Hugo “Un río sólo es fiel a sus fuentes si fluye hacia el mar”.

Esta es nuestra forma de entender la Tradición, la que impulsa nuestro empeño en renovar, reformar, cambiar, mejorar, para poder transmitir a nuestros hijos un mundo mejor del que hemos recibido de la generación de nuestros padres.

Tradición y Progreso, no son antónimos, al contrario, van y deben ir de la mano.

Recibimos para entregar ¿a quién y dónde?

A los descartados, a los desmarcados, a los desesperados, a los emigrantes, exiliados y refugiados, a los oprimidos, a los que les falta el pan, la educación.

¿Moderno? Claro.

¿Progreso? Por supuesto.

¿Compromiso? Evidente.

¿Necesario hoy y ahora? Si, sin duda.

¿Beneficiario cualquiera que lo necesite? También.

¿Y todo esto forma parte de nuestra Tradición? La respuesta la hallamos en Carlos VII, en su carta de 5 de noviembre de 1895, precisamente al instaurar la Fiesta de los Mártires de la Tradición:

“Con la misma sagrada invocación en los labios, cuando otros han entregado el alma a Dios, mártires incruentos en los hospitales, en la emigración, en las cárceles, en la miseria, matados aún más que por el hambre, las humillaciones y todo por no faltar a la fe jurada, por ser fieles al honor, por no doblar la rodilla ante la usurpación triunfante. Nosotros, continuadores de su obra y herederos de las aspiraciones de todos ellos, tenemos el deber ineludible de honrar su memoria”.

Que el ejemplo de nuestro inolvidable Carlos VII y el de todos los carlistas que nos precedieron, nos sirva en nuestro compromiso colectivo, en nuestro trabajo día a día por la Dignidad, los Derechos y las Libertades de todas las personas.

Carlos Javier de Borbón-Parma