Si pienso que no hay que que cambiar nada, soy inmobilista. Pero si pretendo derribar todo, un iluso.

La inteligencia consiste en abandonar lo que ya no sirve y en conservar lo que todavía es útil.

Conviene recordar a Ortega y su distinción entre creencias e ideas. Estas últimas, las ideas, se tienen. En cambio, las creencias, nos tienen. Definen nuestra identidad.

Cuando logro modificar alguna de mis creencias, cambio yo. No es tarea fácil, aunque pueda ser necesaria. Esas mutaciones corresponden a mi crecimiento como persona. Siempre que sean por convencimiento propio y no por influencia del ambiente.

Las creencias se adquieren inicialmente en el proceso de socialización. Al madurar, por lecturas, viajes, diálogos con otras personas y posterior reflexión, es cuando se producen esos cambios vitales.

Las creencias marcan nuestra forma de ver la realidad, de enfrentar la vida, de relacionarnos con los demás. Sin ellas seríamos veletas, zarandeados en cada ocasión por los avatares en que nos podamos encontrar.

En el campo religioso es donde las creencias muestran más claramente su influjo. ¿Seguimos aferrados a las primitivas que nos inculcaron? ¿O hemos crecido también en ellas?

¿Cómo vemos la religión como un conjunto de dogmas en las que creer ciegamente y de normas que cumplir, según lo interpretado por la jerarquía? ¿O como la forma de vivir la fe comunitariamente?

La fe, como el origen etimológico de la palabra indica, es confianza. Para los que nos decimos cristianos, es la confianza en ese Ser a quien Jesús llamaba Abbá.

¿Qué, Quién es? No podemos definirlo. El-Ella-Lo es un Misterio que alienta en toda la realidad y la trasciende. Es su origen y su meta. De ahí, que la mejor teología sea la negativa, la del silencio, apofática, que no se atreve a decir nada positivo de ese Ser, todo lo más balbucea lo que no es.

No existen un cielo arriba, este mundo en medio y un infierno abajo. La única realidad es este mundo, sujeto a las leyes del espacio-tiempo. El Misterio que llamamos Dios está dentro de él y a la vez fuera.

Ese Misterio está dentro de cada uno de los seres existentes. En cada uno de ellos de la forma que su esencia lo permite. En lo inorgánico someramente; en lo vegetal más intensamente; en lo animal con mayor fuerza. Y en los seres humanos de una forma mucho más viva, respetando su autonomía.

El Misterio es una fuerza que se manifiesta amando. En el ser humano está también en su interior más hondo y a las puertas del mismo, esperando se le abran. Hay unas resistencias a esa apertura que derivan de nuestro ego, esa máscara narcisista que nos hemos puesto para ocultar nuestra vulnerabilidad a los demás y a nosotros mismos.

Hubo, hace más de dos mil años, un Maestro que se llamaba a sí mismo Hijo del Hombre, que se fió totalmente de su Abbá y sacrificó su ego para entregarle su vida haciendo su Voluntad. Por eso, Pablo de Tarso pudo decir que en Jesús se encuentra la plenitud de la divinidad.

Los seres humanos necesitamos llamar de alguna manera a ese Misterio. Por eso, solemos decir que es Padre, un Padre de entrañas maternales, Padre-Madre. Es una forma antropomórfica de nombrarle. Mas gracias a ella, nos descubrimos como hijos de la divinidad, nos podemos realizar como hermanos y hermanas.

Cuando en los primeros siglos de existencia de la Iglesia, sus llamados padres quisieron transmitir con conceptos helénicos la sabiduría bíblica, inventaron la idea de las tres Personas en un solo Dios. Totalmente incomprensible. Pero hay que reconocer algo muy importante. Gracias a ese concepto, se construyó la idea de persona humana, dotada de una dignidad sagrada. Así, pudo pasar, con la secularización moderna, a ser sujeto de unos Derechos Fundamentales inalienables e imprescriptibles.

La Biblia, ese conjunto de relatos del pueblo judío y el Nuevo Testamento sobre Jesús, no podemos ya considerarlos como palabra directa de Dios a sus redactores. Mas habremos de buscar en ellos el Mensaje para nuestra realidad actual. En una manifestación feminista del reciente 8 de Mayo, se pudo leer este cartel: “La Biblia se empleó para esclavizarnos. Hoy hemos de interpretarla para liberarnos”. ¿No es esa la actitud con que debemos los cristianos re-leerla? ¿No es la vida el 5º evangelio que junto a los otros cuatro hemos de interpretar? ¿No son las parábolas del Hijo Pródigo y el Buen Samaritano con las Bienaventuranzas el núcleo del Mensaje del Maestro de Nazaret?