Es la que desarrollan las grandes empresas farmacéuticas contra los sistemas públicos de sanidad y en definitiva contra los pacientes. Como les deben parecer escasos los escandalosos beneficios que ahora obtienen han recrudecido su ofensiva. Desabastecen las farmacias de sus productos estrella -especialmente para enfermos crónicos- para forzar un nuevo incremento de los precios.

¿Qué hacer para contrarrestar esa ignominiosa ofensiva? A mi juicio, son varias las medidas a adoptar:

1. Indagar el verdadero coste de fabricación de los medicamentos.

2. Investigar la labor de lobby que realizan sobre políticos, medios de comunicación, hospitales y Congresos de Medicina.

3. Financiar a pequeños laboratorios para que investiguen y desarrollen fármacos para las llamadas enfermedades raras y elaboren las medicinas cuyas patentes hayan caducado.

4. Crear un Servicio Público Médico-Farmacéutico, dependiente del Instituto Superior de Investigaciones Científicas, en colaboración con Hospitales, Universidades, los Colegios de Médicos y Farmacéuticos, y asociaciones de enfermos y sus familiares. Su misión sería la investigación de enfermedades, búsqueda y elaboración de remedios preventivos y curativos para ellas. Con especial atención a aquellas que siendo endémicas de otros países, por efecto de la globalización, han llegado al nuestro.

5. Vigilar la publicidad de productos farmacéuticos y prohibir la de panaceas pseudocientíficas.

6. Avanzar hacia la obligatoriedad de las vacunas de eficacia probada para prevenir enfermedades que ahora rebrotan, cuando parecían haber desparecido por efecto de la disminución de la vacunación. Con posibilidad de pérdida de la patria potestad de aquellos padres que se nieguen a la vacunación de sus hijos menores de edad

7. Obligatoriedad de poner el importe del precio de venta al público en los envases de las medicinas.

8. Elevar la negociación y compra de los medicamentos para los servicios públicos de sanidad, no sólo de las Comunidades Autónomas a los Estados nacionales, sino a la misma Unión Europea. Sólo a ese nivel se podrá contrarrestar el poderío de los tiburones farmacéuticos.

¿Se calificarán de utópicas estas propuestas? ¿Son capaces los políticos de adoptarlas? ¿Lo harán sin una fuerte presión desde la base popular, de asociaciones de enfermos crónicos, de jubilados, de las mareas blancas?