Un empresario jubilado nos pontificaba a un grupo de ex-compañeros del cole que el trabajo es la verdadera fuente de riqueza. Los demás asentían en silencio y yo contesté que de acuerdo más con matices. Creo que no entendió mi respuesta. Pero no era ocasión de dar explicaciones completas sobre las bases en las que se asienta mi opinión.

Han pasado unos días y he pensado un poco sobre el tema. Creo que hay que hacer una primera pregunta: ¿Es lo mismo riqueza que dinero? Para la mentalidad dominante, sí. Para mí, es un conjunto de bienes que nos permiten disfrutar de una vida digna.

La grave cuestión es que hoy una mayoría de seres humanos carecen de ese mínimo indispensable. No tienen comida, agua potable, un hogar cubierto para no estar a la intemperie, centros educativos y sanitarios próximos a su domicilio, ausencia de violencias colectivas en su entorno, libertades civiles y políticas para una convivencia justa…

La segunda pregunta es: ¿Qué trabajo permite acceder a ese nivel elemental de riqueza? Pues todos conocemos trabajos degradantes que atentan contra la dignidad de la persona humana. En condiciones insanas, forzados, con jornadas laborales exhaustivas, trabajo infantil, con salarios de hambre que no permiten salir de la pobreza…

¿En qué debe consistir un trabajo verdaderamente humano? En la elaboración de bienes para satisfacer auténticas necesidades humanas. No esas creadas artificialmente por la publicidad para intentar saciar un consumismo compulsivo. La mayor parte de esos bienes serán transformaciones de materias primas naturales o elaboradas adquiridas con ese fin.

De ahí que en las empresas hay tres conjuntos de personas que colaboran en el proceso productivo: proveedores, trabajadores -directivos y empleados- y consumidores. Todos deben tener de algún modo participación en la misma. Sin olvidar el entorno físico y social donde se desenvuelve su actividad.

Lo que es injusto es que, para incrementar los beneficios haya un abuso de poder que prive a proveedores de un precio justo, externalice parte de la producción, reduzca los salarios de los trabajadores, aproveche una situación de oligopolio para imponer un precio elevado a sus consumidores, destruya el medio ambiente con los residuos de la producción o evada impuestos.

Y lo que ya incurre en la ilegalidad y es contrario a una mínima moral es la trata de blancas, el negocio de la droga, el comercio de armas a países en guerra o que violan derechos humanos, los ataques cibernéticos…

Pueden ser legales pero opuestos a la ética los juegos de azar y apuestas, la especulación inmobiliaria y financiera, el negocio de la fabricación de armas, la pornografía, esa economía de casino que son las bolsas donde se juega electrónicamente con las monedas en un aumento constante del dinero circulante…

¿El trabajo es creador de riqueza?, depende. ¿De qué trabajo y de qué riqueza hablamos?. El trabajo y el ahorro decían los antiguos, son los que crean verdadera riqueza, siempre que sean verdaderamente humanos y destinados a fines dignos.