Si me esfuerzo en criticar a los críticos, ¿por qué lo hago? ¿Por miedo? ¿O por defender lo que considero la verdad?

¿No se podría con el mismo argumento criticar a los críticos de los críticos? Así podríamos seguir sin límite.

Para analizar con serenidad una crítica, hay que empezar por ver hacia dónde se dirigen sus críticas. ¿Hacia toda una cosmovisión o sólo a una parte de ella?

¿De qué se quejan? ¿Del fondo o de la forma?. Una cosa es lo que queremos decir y otra el lenguaje que empleamos para ello. La distinción no es fácil, pues muchas veces el lenguaje condiciona el pensamiento y a la inversa.

La cuestión se complica, pues muchas veces son formulaciones petrificadas desde hace siglos en contextos culturales muy dispares a los nuestros. Y encima pueden ser traducciones de otras más primitivas, de idiomas, muy alejados de los actuales. “Tradutore, traditore” expresión clásica italiana que refleja cómo al traducir, suele traicionarse el significado original.

Por ello, son dos las respuestas, aunque opuestas, que nacen del mismo origen: el miedo. Una, aferrarse a la formulación heredada, sin variarla un ápice y tachando de desviadas o heréticas, las que se alejen de ella. La otra, rechazarla en bloque, como algo sinsentido, sin ningún valor.

Además, como en toda cuestión humana, se añade otro factor que nubla la búsqueda sincera de la verdad: el poder. O conservarlo a toda costa o derribarlo para alzar otro nuevo que sustituya al antiguo.

De ahí, la necesidad de enjuiciar con la menor subjetividad posible las críticas que se dirijan a esas formulaciones heredadas. Para ello, nada mejor que, no hacerlo en solitario, sino en comunidad con otras personas animadas también por el deseo auténtico de buscar la verdad. Esto supone la humildad para deshacernos de los errores en los que inevitablemente caeremos en ese camino.

Una pregunta se impone: ¿A qué autores importantes damos crédito? ¿Sólo a aquellos que nos iluminaron en algún momento? ¿Rechazamos sólo por ser nuevos a otros que aparecieron más tarde? ¿O somos capaces de dialogar con unos y otros para ir avanzando con interpretaciones que satisfagan los retos que van surgiendo cada día?