No recuerdo quién dijo que nuestra civilización (?) es la de la basura. Cientos de miles de toneladas se van acumulando en el mar y en la tierra. Los países más desarrollados son los que más producen. A esta carrera suicida se están apuntando a pasos acelerados los llamados emergentes. El colmo es que paguemos a los pobres para llevarles lo que no queremos en nuestra casa y así convertirlos en nuestros estercoleros de productos tóxicos.

Entre esos residuos hay dos clases que son los más perjudiciales por su duración y efectos nocivos: los nucleares y los plásticos.

Para atajar ese magno problema, no basta con reciclar. Pues se podría pensar que al final se solucionaría con la mera gestión de los residuos, al final de la vida de cada producto. Por eso, en ambientes ecologistas, surgió la fórmula de las tres R: reducir, reutilizar y reciclar. El reciclaje es la última opción, cuando todas las demás se hayan realizado.

Pero hoy se ha avanzado más. Y se propone: Reflexionar, Rechazar, Reducir, Reparar, Reutilizar y Reciclar.

La primera es la reflexión, tanto a nivel individual como colectivo: ¿Cómo y Por qué hemos llegado a esta situación? La satisfacción de necesidades artificiales -creadas y alimentadas por la publicidad- y un consumo compulsivo están en el germen y desarrollo del problema.

De la reflexión saldrán la segunda y la tercera consignas. Rechazar esas ofertas que no nos dan felicidad y nos esclavizan. El enriquecimiento de una minoría a costa de la mayoría, de las futuras generaciones y de las demás especies que pueblan el planeta.

El Rechazo conduce a reducir nuestro falso bienestar, nuestra acumulación de falsos bienes innecesarios, a asumir la austeridad gozosa y compartida como sentido de vida auténtica.

Reparar: lo que se estropea debe poder repararse. Esto implica el rechazo de la obsolescencia programada de tantos productos y la aparición de puestos de trabajo dedicados a dar nueva vida a los productos que necesitamos.

De ahí, la posibilidad de Reutilizar. De alargar la vida útil de tantos artefactos que empleamos en nuestra cotidianidad.

Y sólo en último término: Reciclar. Con una gestión eficaz de esos residuos que no genere ni vertederos, ni incremente la huella nociva para el planeta.