El mundo que me rodea, sobre todo el mediático, me resulta incomprensible. ¿Será debido a mi edad? ¿O a que soy un bicho raro? ¿O los raros son los otros? ¿O, al menos, los que deciden lo que tenemos pensar y valorar?

No entiendo que el hecho de que una mujer -famosa, claro- se depile o no los axilas, pueda tener trascendencia pública. ¿Por qué se ha de opinar sobre ello? ¡Y encima se barajan argumentos sobre si es bueno o malo para su salud! Es una decisión que brota de su autonomía para decidir sobre su cuerpo. Otra cuestión sería que alguien se lo mandara o prohibiera. Pero eso sería un ataque a su libertad, no al hecho en sí de su depilación o no.

Otra materia sobre la que se alza mi extrañeza es la de los horarios y fechas de partidos de fútbol. ¡Como se nota que no soy futbolero! Que si la Federación, que si la Liga… Ha tenido que intervenir hasta un juez, dictando una resolución salomónica, permitiendo que puedan celebrarse los sábados y, en cambio, no los lunes. Los comentarios, no sólo en medios deportivos, sino en generalistas, se suceden sin cesar. Y supongo que las conversaciones de bar girarán acaloradas sobre este tema. Deben ser muchos los millones en juego…

Sin salir del fútbol, los fichajes y las primas astronómicas de los jugadores de élite, se escapan totalmente de lo que para mí es lógico. Me parece inmoral todo ese cambalache monetario. ¡Lo que no entiendo es la pasión fanática de los hinchas por esas sociedades mercantiles que son los clubs! ¡Que bien sabían lo que hacían quienes copiaron de los romanos el pan y circo por tele y fútbol!

Hay denuncias crecientes sobre esas adicciones sin substancia, entre las que descuella el juego. Va aumentando el número de ludópatas, incluso entre menores de de edad. Grandes casinos, garitos de juego, maquinitas en bares -hasta en zonas próximas a centros escolares- se multiplican en todos los centros urbanos. Y hay que añadir los juegos on line. Lo que no entiendo es que el debate se limite sólo a la publicidad del juego. Como siempre es el dinero el que justifica esta sinrazón: lo que ingresa el Estado por el juego y el volumen que representa dentro del PIB.

Leí que en un programa de televisión -no sé de qué cadena- se habló de una moneda virtual y de cómo con ella se puede ganar bastante dinero. (Me suena a esa economía de casino que hoy controla el mundo). Se añadía que grandes bancos presionaron para que se cortara la emisión. Sigo sin entender nada.

Una las lacras del siglo XXI es la trata de blancas. (O de blancos, porque, aunque en menor número, hay ya varones que la sufren). No entiendo el eufemismo de lenguaje con que se enmascara: ¡trabajadoras sexuales!. Llamémolas por su nombre: son esclavas sexuales. ¿Por qué se sanciona sólo a los proxenetas y no también a los clientes?

Otra cuestión gravísima es la de los miles de muertos en el Mediterráneo. Personas que huyen de guerras, de persecuciones de la hambruna, del cambio climático… La cerrazón de la Unión Europea, sobre todo de algunos de sus Estados, a admitirlos, violando todos sus obligaciones internacionales, resulta de un refinado egoísmo, a veces enarbolando la bandera de una supuesta identidad de raíz religiosa. Encima se paga a Estados, donde se violan Derechos Humanos, incluso a sus nacionales, para que se conviertan en nuestros guardianes exteriores. ¿Puede esto entenderse de una Unión Europea que nació como abanderada de Derechos Fundamentales? ¿No es el colmo que se presente a la tripulación de los barcos humanitarios que tratan de salvar sus vidas como criminales?.

Tampoco puedo entender a los políticos. Para hablar con precisión a los caudillos que nos rigen despóticamente. El panorama que están dando en nuestro País es tragicómico. Para reír, sino fuera por la tragedia que representa para nosotros, los ciudadanos que somos sus paganos. Su afán de poder y por manejar todo o parte del presupuesto está al descubierto por encima de sus programas y promesas electorales. ¿Se atreverán a correr el riesgo de ir a otras elecciones?