Diario de Noticias (Navarra)

26/09/2019

Fermín Martínez

El 16 de septiembre, en una rueda de prensa, Iván Espinosa de los Monteros, portavoz de Vox en el Congreso, ha propuesto devolver a la plaza Pedro Zerolo, situada en Chueca, su anterior denominación: Vázquez de Mella. Para Espinosa de los Monteros se trata de revertir un efecto de la Ley de Memoria Histórica que propone derogar, pero el caso es que el cambio de nombre de la plaza madrileña, aprobado en 2016, fue realizado únicamente como homenaje a la lucha del colectivo LGTB. Nada que ver con la Guerra Civil de 1936-1939. De hecho, Vázquez de Mella falleció en 1928.

Personalmente, hubiera preferido que en vez de cambiarse el nombre de la plaza, se hubiese buscado otro lugar para recordar a Pedro Zerolo. Pero no es de esto de lo que quiero hablar.

Espinosa de los Monteros trata ahora de reivindicar la figura de Vázquez de Mella, destacado político de ideología católica y monárquica, con el fin de llenar de contenido su discurso criptofranquista. Sin embargo, las ideas societarias y federativas de Vázquez de Mella se encuentran en las antípodas del programa neoliberal y recentralizador de Vox.

Espinosa de los Monteros debe de ignorar que Juan Vázquez de Mella destacó en su época como portavoz parlamentario del Partido Carlista, y que por tanto reivindicaba los Fueros como un elemento constituyente de la identidad tradicional de España, de las Españas. A Vázquez de Mella no le hubiera agradado que ante la sentencia del Tribunal Constitucional recortando el Nou Estatut en 2010, media Catalunya haya optado por un proyecto secesionista; pero también le disgustaría el planteamiento autoritario y represivo adoptado por los tres partidos de la derecha madrileña: Vox, Ciudadanos y el Partido Popular.

Vázquez de Mella en 1907 se adhirió a la Solidaritat Catalana, coalición electoral conformada por republicanos federales, carlistas foralistas y regionalistas catalanes como reacción a la Ley de Jurisdicciones, que ponía bajo jurisdicción militar las supuestas ofensas orales o escritas a la unidad de España, la bandera y el honor del Ejército. Las fuerzas políticas convergentes en Solidaritat Catalana no eran secesionistas, pero ninguna de ellas, al igual que el Nou Estatut de 2006, encajaba con la unidad constitucional sobre la que se construyó desde 1839 el Estado liberal.

Para Vázquez de Mella, defensor del restablecimiento del pase foral, vigente en Euskal Herria hasta 1841, hubiese sido absolutamente ilegítimo que un tribunal madrileño recortase un Estatuto de Autonomía. En todo caso, serían las instituciones catalanas las que deberían vetar aquellas leyes aprobadas en Madrid que fuesen contradictorias con la soberanía catalana.