Diario de Noticias (Navarra) 01/10/2019

Diario de Noticias (Gipuzkoa) 08/10/2019

Jaime Urriza Urcola

El pasado 25 de agosto no se celebró en Leitza un acto carlista, sino un acto ultraderechista de temática folclórico-carlista, que no es lo mismo. El Partido Carlista, el continuador directo de la organización política histórica del carlismo, congreso tras congreso, Montejurra tras Montejurra, ha sido totalmente ajeno a dicho acto. Y además no hace falta buscar mucho en la hemeroteca para localizar el fuerte enfrentamiento que hubo en 1970 entre el Partido Carlista y la familia Baleztena, organizadora del acto. Enfrentamiento que vino motivado por el cese de Javier María Pascual como director de El Pensamiento Navarro, después de que el periodista carlista publicase un artículo afirmando que en 1936 los entonces dirigentes del carlismo navarro enviaron a los requetés a la guerra a cambio de un plato de lentejas.

En diferentes ocasiones el Partido Carlista ha reivindicado a todos aquellos requetés de buena voluntad que un 18 de julio salieron a luchar por unos ideales que luego fueron traicionados en la retaguardia por caciques francojuanistas como el conde de Rodezno, pero desde una perspectiva histórica realmente inclusiva y no sectaria, conforme a los criterios de reconciliación que hicieron posible la convergencia de fuerzas políticas muy diferentes en los organismos unitarios de la oposición antifranquista.

Lo de Leitza en cambio no es más que un nuevo intento de apropiación de la figura del primer requeté fallecido en la guerra, Joaquín Muruzábal, por parte de una extrema derecha militarista que no admite ninguna noción de pluralismo democrático. Para Silvestre Zubitur y sus amigos la guerra civil de 1936-1939 no fue un enfrentamiento cainita entre hermanos que perdimos todos (salvo Franco y la Falange) y que nunca debería volver a repetirse, sino una cruzada a emular en el siglo XXI si las circunstancias un día lo permitiesen. Un planteamiento igual de sectario que el de aquellos que consideran este conflicto como una “guerra de liberación nacional” española contra el fascismo europeo, como si no hubiera habido católicos como los afiliados de la Federació de Joves Cristians de Catalunya, afines a Unió Democràtica de Catalunya, que se unieron a la sublevación contra el gobierno del Frente Popular, pero que siempre fueron ajenos a todo tipo de totalitarismo.

En el marco de la polémica de Twitter entre Albert Rivera y Arnaldo Otegi, no debería pasar desapercibido que cuando el dirigente independentista vasco afirmó: “Claro, Albert. Tú preferirías que gobernaran estos” en relación a una fotografía del acto de Leitza en la que aparecen destacados sixtinos, el líder de Ciudadanos respondió que “Yo lo que prefiero es que no gobernéis los que no condenáis esto” en referencia a varios atentados realizados por ETA. Parece que para Rivera los hechos de Montejurra 76 siguen sin constituir un acto de violencia terrorista a pesar de la sentencia de la Audiencia Nacional en 2003. En la fotografía publicada por Otegi, junto con Silvestre Zubitur, concejal de Navarra Suma en Leitza, posaban José Ramón García Gallardo, miembro de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de Marcel Lefebvre, y Miguel Ayuso Torres, jefe de la secretaría política de Sixto Enrique de Borbón-Parma entre 2004 y 2010.