(N. de la R.: El autor parece enfadado por el afectuoso recibimiento que siempre encuentra la Familia Borbón-Parma en sus visitas al País Valencià)

Las Provincias

05/12/2019

Ferran Belda

El provocador periplo valenciano que una asociación leridana y un colectivo local le montaron a Carlos Javier de Borbón Parma concluyó sin incidentes. Iba a decir que como no podía ser de otro modo, pero me abstendré de decirlo porque algunos de los levantamientos y guerras carlistas se desencadenaron por cuestiones más nimias que ésta.

Mucho me temo de todos modos que en la auténtica Casa del Rey no ha de haber sentado muy bien el trato dispensado por la Iglesia y las Cortes Valencianas al cabecilla de los legitimistas. El eclecticismo demostrado por nuestras autoridades civiles y religiosas al invitar, por un lado, al actual monarca español a entregar los Premios Jaime I y, al mismo tiempo, permitir que el pretendiente a la corona de España celebrase el domingo siguiente la Festividad de la Dinastía Carlista con una misa en la catedral habrá resultado gratificante para una de las partes. Pero dudo que lo haya sido también para la otra, toda vez que estaba anunciado que la eucaristía no concluiría con el «podéis ir en paz» de rigor, sino con una ceremonia de marcado y desafiante carácter político: la jura de los fueros del Reino de Valencia.

Un juramento que ya no prestó el último de los Austria, Carlos II. Pero que el duque de Parma tenía especial empeño en llevar a cabo. La cuestión, sin embargo, no es por qué este Borbón Parma ha querido ser el primero de su estirpe en cumplir con esta tradición en desuso. Ni, por supuesto, por qué a continuación reunió al capítulo de la Real Orden de la Legitimidad Proscrita y nombró nuevos caballeros. Y no lo es porque lo hizo en un establecimiento privado y el hombre es muy libre de hacer proselitismo donde le plazca. La cuestión es por qué consintió el arzobispo que un rito tan comprometedor tuviera lugar en la Seo y por qué la segunda autoridad de la Comunidad Valenciana, digo de Enric Morera, recibió en audiencia oficial a quien reclama para sí el trono de España, ya que ambos, Cañizares y Morera, son reincidentes.

Mª Teresa de Borbón Parma fue algo más que invitada a asistir a la misa del ‘darrer diumenge d’octubre’ último en el Real Monasterio del Puig. El oficiante, un camarada suyo (e ilustre excompañero de mili mío), le facilitó la posibilidad de llevar solemnemente hasta el altar un ejemplar de ‘Els Furs’. Gesto doblemente simbólico por cuanto fue en este recinto religioso donde Carlos Javier de Borbón Parma se citó con un grupo de prosélitos en enero de 2012. Morera, por su lado, la incluyó entre los ponentes de las jornadas sobre el Estatuto que se desarrollaron en Morella a la sombra de la estatua ecuestre de un espadón de la misma cuerda, el Tigre del Maestrazgo, cuya memoria reivindica no por casualidad Milián Mestre en la biógrafía autorizada de Ximo Puig. Conque luego no se quejen si los tratan de curas trabucaires o de foralistas recauchutados.