Cuando se quiere conocer la historia real -no la inventada-, hay que acudir a historiadores solventes. Para ello, hay que hacerse tres preguntas previas: ¿quiénes son? ¿desde dónde la escriben? y ¿con qué materiales?

Averiguar cuáles son esos historiadores solventes es tarea ardua. Hay que partir de la sospecha de que es muy difícil que haya alguno imparcial. Por eso, será bueno conocer cuál es la parcialidad de cada uno. ¿Qué prejuicios, filias y fobias se esconden en su búsqueda del pasado? Con otra contrapartida: ¿cuáles son los míos?. Porque seguramente aplaudiré a quienes coincidan con mis ideas y recelaré de los que se alejen o las contradigan.

Todo historiador escribe desde el presente, desde su presente, intentando desentrañar el pasado desde las categorías y presupuestos mentales de su época. Intentar bucear en el ayer metiéndose en el pellejo de los que vivieron los hechos a narrar es tarea casi imposible. Aunque hay quienes pretenden conseguir aquella perspectiva, pero difícilmente lo logran.

Donde más se muestra esa proyección del presente es en el foco de la atención. ¿Con los que aparentemente son los protagonistas -grandes magnates, políticos, militares, religiosos- o pretenden fijarse en el pueblo llano -labriegos, menestrales, buhoneros, comerciantes…- ¿Intentan destacar el papel de las mujeres en aquella época, tan injustamente silenciado?

Los materiales que utilizan son principalmente documentos. ¿Sólo los registros públicos o descienden a papeles privados donde las personas que vivían entonces hacían sus modestas anotaciones? Pero las huellas físicas van adquiriendo cada vez mayor relevancia: palacios, castillos, modestas viviendas, cerámicas, vías de comunicación, fortificaciones, cementerios, templos… ¿No es necesario situar los hechos en su contexto artístico: música, pintura, esculturas, literatura? ¿Y dentro de las redes comerciales de la época? ¿Y en el territorio, físico y humanizado donde se desarrollaron, con los desplazamientos de población que se dieron?

¿Puede recrearse el ayer sin tomar en cuenta las creencias religiosas y el dominio mayor o menor de los prebostes religiosos?. ¿Y los lugares de especial veneración hacia los que confluían en peregrinación?

¿No supone esto que el quehacer histórico es una tarea interdisciplinar en la que han de confluir junto a historiadores, geógrafos, antropólogos, lingüistas, literatos, expertos en arte, hasta filósofos y teólogos?

¿Se puede prescindir de la memoria oral -conservada o deformada- que ha llegado hasta nosotros? ¿No fueron los primeros textos históricos intentos de fijar por escrito esos relatos transmitidos de generación en generación, a veces por rapsodas y juglares?