Don Carlos Javier junto a Doña María Teresa (2010).

Breve biografía y recuerdo (27/03/2020)

Josep Miralles Climent

Ayer por la tarde murió en París, víctima del coronavirus, a la edad de 86 años, María Teresa de Borbón Parma, una de las tres hermanas de Carlos Hugo, el que fuera líder del Partido Carlista durante el franquismo y la transición democrática.

Había nacido en París en 1933. Cuando contaba 10 años, su padre, el regente carlista, D. Javier de Borbón Parma fue detenido por la Gestapo por pertenecer a la resistencia, e internado en el campo de concentración de Dachau, de donde fue liberado en 1945 por los aliados.

Maria Teresa estudió Ciencias Políticas y era doctora en ciencias hispanas, y fue profesora de la Universidad de la Sorbona de París y de la Universidad Complutense de Madrid.

Durante el franquismo participó activamente en el proceso de renovación del carlismo a partir de los años cincuenta, junto a sus hermanas María Cecilia y María de las Nieves, así como de su hermano mayor Carlos Hugo.

Acudía en muchas ocasiones a los distintos actos carlistas que se realizaban por las Españas. Las actividades públicas de un carlismo semi-tolerado y de la familia Borbón Parma al frente, provocaron su expulsión en 1968 por parte del dictador Francisco Franco.

Era muy querida por los militantes más jóvenes, por eso, en el multitudinario acto de Montejurra de 1969, la Juventud carlista dedicó a María Teresa la siguiente carta:

Un día dijiste No. Tu voz llegó hasta nosotros. Te quedaste. Notamos tu presencia, te hemos visto.

Hoy eres el símbolo de la resistencia del inconformismo juvenil ante un mundo resignado a ser esclavo.

Nuestra suerte la hemos echado contigo porque tú la has echado por los que luchan por la libertad.

Tu nombre es el signo que ya suena como la hora que España ha aceptado para hacer su futuro, y como dijiste en Montejurra es la hora de la esperanza.

Eres digna representante de los tuyos, eres digna representante de Carlos, porque sin Carlos no hay bandera de justicia y libertad.

Esta hora engendra un mañana libre, con nuestra lucha y nuestro testimonio lo haremos posible.

La juventud carlista en Montejurra 69 ha percibido su responsabilidad. Nuestro juramento y ofrenda es ser responsables hasta el final; hasta siempre.

Intentan aniquilarnos, nosotros luchamos. Porque los pueblos marchan y las dictaduras sucumben.

La lucha nunca acaba. Es la permanencia del espíritu sobre el miedo y el acomodo. Es la alegría, la justicia y el amor sobre el egoísmo, pesimismo y paternalismo.

Si el marxismo busca el paraíso del proletariado en la tierra, nosotros haremos que el pueblo alcance su libertad para llegar al paraíso de Dios mediante la revolución que conquiste esta libertad para conocer a Dios a través de la cultura y de los bienes que pondremos al alcance de todos.

Tu ejemplo es nuestra consigna. Tu lucha es nuestra lucha. Mientras quede un solo carlista habrá resistencia. Hoy estamos en la guerrilla, mañana en el poder.

El futuro es de los hombres libres. El hombre libre no es sólo el que posee libertad sino también el que lucha para conseguirla.

Todavía eran años de poesía, a pesar de la persecución a la que el carlismo venía siendo perseguido por el régimen de Franco desde que en plena Guerra Civil se negó a ser absorbido por el partido único creado por el dictador.

María Teresa estuvo siempre al lado del sector más dinámico y militante que evolucionó hacia el socialismo autogestionario que encarnaba el Partido Carlista, desde los congresos de Arbonne, a principios de los años setenta. Desde entonces, asumió la responsabilidad de la Secretaría de relaciones Internacionales del Frente Exterior, junto a otros carlistas también en el exilio.

Poco antes de la muerte del dictador fue la portavoz de la mesa que anunció en París la unión de la oposición democrática en la Platajunta.

Era sencilla y próxima; cristiana sincera y siempre respetada por personas de muy diversas ideologías. Generosa, solidaria, entregada y entusiasta hasta el último momento. Siempre dispuesta a trabajar en favor de cualquier proyecto que fomentase el entendimiento entre pueblos, religiones y culturas. Llegó incluso a aprender árabe, para poder leer el Corán en su lengua original.

Sus inquietudes y su extraordinaria cultura le llevaron a estudiar sobre diversos temas y problemas actuales. Lectora infatigable, poseía una biblioteca muy extensa en su biblioteca de madrileña de Majadahonda. Dio conferencias sobre temas como la construcción del socialismo en las sociedades posmodernas; los derechos humanos en

los países árabes; el papel de la cultura y los intelectuales en nuestros días; el terrorismo en el mundo actual; o la responsabilidad de los medios de comunicación social en nuestras sociedades. Autora de numerosos trabajos monográficos sobre el carlismo; Valle Inclán; el Islam; Inmigración; y recuerdos familiares y de libros como: El momento actual español, cargado de utopía (1977), La clarificación ideológica del Partido Carlista (1979), Cambios en México (1990), Magreb: nuestro poniente próximo (1994), Don Javier, una vida al servicio de la libertad (1997), Desde Tánger: la transición que viene (1999), La Transición desde el frente exterior (2001) y Así fueron, así son (2009).

Creyente, comprometida con los movimientos cristianos de base, era habitual su presencia en los congresos de teología que se celebraban en Madrid organizados por la asociación de teólogos y teólogas “Juan XXIII”. Afirmaba que no se podía ser cristiano sin ser socialista.

Gran conversadora tuvo amigos y contertulios como, José María Díez Alegría, Enrique Miret Magdalena, José María Caffarena, Santiago Carrillo, José Vidal Beneito, John K. Galbraith, Roger Garaudy, Hugo Chávez o Yasir Arafat. Le gustaba recordar su encuentro con Dolores Ibarruri “La Pasionaria”, en Moscú, y de cómo ésta –hija de mineros carlistas vascos- le cantaba canciones carlistas de su infancia.

Entre los carlistas siempre se relacionó amigablemente con todos los militantes que se acercaron a ella y también con los carlistas veteranos a los que trataba con un cariño excepcional. Pero cabe destacar su gran amistad y admiración con el que fuera Secretario General del Partido Carlista, José María de Zavala, y con el historiador del carlismo Josep Carles Clemente, ambos ya fallecidos.

Estaba en posesión de la Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita, que le concedió su hermano Carlos Hugo, y seguía fiel y leal al heredero de la Legitimidad, representada hoy por su sobrino Carlos Javier de Borbón Parma, hijo de Carlos Hugo.