Diario de Noticias (Navarra) – (15/04/2020)

Naiz – (16/04/2020)

Levante-EMC (Valencia) – (17/04/2020)

Javier Cubero de Vicente

El pasado 26 de marzo la pandemia del COVID-19 se llevó a doña María Teresa de Borbón-Parma, una persona de gran significación histórica no solamente por su aportación militante e intelectual al Carlismo sino también por el destacado papel que jugó en la oposición antifranquista.

Nacida en París, en 1933, siendo una niña todavía vivió junto con su familia el drama de la II Guerra Mundial, la ocupación de Francia por los nazis, y la detención de su padre, Don Javier, por la Gestapo. Un episodio terrible pues su padre, activamente comprometido con la Resistencia antifascista, sería internado en el infierno de los campos de exterminio, primero, en Natzweiler, y más tarde, en Dachau.

En 1957 acudió por primera vez a Montejurra, para acompañar y apoyar a su hermano Carlos Hugo en su primer discurso político ante la militancia carlista. Posteriormente, al igual que sus hermanas María Cecilia y María de las Nieves, recorrió el territorio español para contactar y revitalizar los diferentes núcleos territoriales del Partido Carlista. De manera entretejida con esta labor de reorganización política, las juventudes carlistas de la AET y del MOT impulsaban un proceso de renovación ideológica con el cual los hijos de Don Javier también se comprometieron. Así, María Teresa en 1968, con motivo de un viaje por Andalucía, declaraba al diario Odiel, de Huelva, que el contenido ideológico del Carlismo «responde a su orientación socialista». Ante el rejuvenecimiento del Carlismo, la reacción represiva del régimen franquista no solamente afectaría a los militantes de base sino que se extendería también a María Teresa y su familia, que serían obligados a volver al exilio a finales de ese mismo año de 1968.

En 1972 María Teresa asumió la dirección de las relaciones internacionales del Partido Carlista. Durante los siguientes años intervino en diversos foros europeos al mismo tiempo que trataba de construir puentes entre los diferentes sectores de la oposición democrática. Mención especial merece su participación en el Congreso Mundial de las Fuerzas de Paz celebrado en 1973 en Moscú, donde estableció una excelente relación personal con Dolores Ibárruri. Fue invitada entonces a pronunciar, junto con «la Pasionaria», las palabras de clausura de una reunión entre la delegación española asistente al Congreso y un grupo de antiguos «niños de la guerra». Su mensaje fue claro y sencillo: «Hemos perdido la guerra (todos). Ganaremos la paz (todos)». No mucho después el Partido Comunista de España y el Partido Carlista confluyeron en la Junta Democrática de España, mientras que paralelamente Santiago Carrillo se entrevistaba en París con Don Javier. Dos sectores políticos que en la Guerra Civil habían combatido en trincheras antagónicas se unían para luchar contra el enemigo común que representaba la dictadura franquista. Cuando, en marzo de 1976, la Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia Democrática se fusionaron para crear Coordinación Democrática, también conocida como «la Platajunta», el nuevo organismo fue presentado en una rueda de prensa celebrada en París. La portavoz que anunció entonces la unidad de la oposición fue María Teresa: «Se decía que no éramos capaces, las fuerzas de la oposición española, de unirnos. Pues estamos unidos».

Más allá del activismo político, la inquietud intelectual de María Teresa la motivó para doctorarse en estudios hispánicos por la Universidad de La Sorbona (París), y en sociología política por la Universidad Complutense de Madrid.

Identificada con las corrientes más progresistas y avanzadas de la Iglesia Católica, su asistencia era frecuente en los congresos que anualmente celebra en Madrid la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII.

A lo largo de sus últimos años de vida, siguió reivindicando sus ideales de juventud en favor de la emancipación social y nacional de los pueblos, realizando numerosos viajes por el mundo en los cuales se entrevistó con figuras tan relevantes en la lucha antiimperialista como Yasir Arafat o Hugo Chávez.

Durante estos días algunos periodistas no debidamente informados han afirmado que María Teresa era conocida como «la Princesa roja» porque así se tituló una biografía que en 2002 realizó el historiador Josep Carles Clemente. Lo cierto es que Clemente en ese sentido no hizo sino recoger una denominación que en los años 1970 ya había usado un periodista español.

Concluyendo ya, cuando en 1997, con motivo de la presentación en Navarra de una biografía sobre su padre, una periodista le preguntó si el Carlismo había muerto, su respuesta fue breve pero inequívoca: «El Carlismo es una experiencia histórica muy arraigada en el presupuesto federalista de libertad colectiva y de aunar la esperanza cristiana y socialista. Y eso no ha muerto. Eso tiene un futuro en España y en la sociedad europea».